Manuelita vivió en Pehuajó, hasta que se la llevaron PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Martes, 16 de Marzo de 2010 10:44


Agustin Burton

Para tenerlos como compañía, venderse por su piel o simplemente como trofeos exóticos, muchos animales en extinción se trafican ilegalmente dentro de Argentina y en redes internacionales en un negocio que mueve en el país cerca de 150 millones de pesos, según Interpol.
“El arma contra este delito es directamente no comprar para no alimentar el circuito y lo más importante: aprender a denunciar”, enfatiza Cynthia Dabul, licenciada en ciencias ambientales y miembro de la Red Argentina Contra el Tráfico Ilegal de Especies Silvestres (RACTES).

La ambientalista argumenta que “el comprador debe tomar conciencia” porque “la mayoría de la gente no conoce los animales que no pueden comercializarse y contribuye a que este delito crezca sin saberlo o pensarlo”.
Pero la red ilegal es más complicada. Existen tres tipos de tráfico y varios actores que participan del circuito.
“Pueden venderse animales vivos”- detalla Dabul: “y en este caso son derivados a pet shops para mascotas e incluso para zoológicos ilegales y colecciones privadas”.
La extracción de estos animales, como el mono Carayá, el cardenal amarillo y el puma, suele hacerse en las provincias de menores recursos, como por ejemplo Chaco y Santiago del Estero. Allí, los controles son menos efectivos y los territorios vastos son propicios para la acción de los recolectores. El circuito continúa hasta llegar a las provincias de mayores recursos, como Buenos Aires y Córdoba, donde el poder adquisitivo permite las excentricidades.
“A veces ni son tan excéntricos. Si hacemos una encuesta en un colegio primario, la tortuga de tierra seguramente sale entre las posibles mascotas, porque el común de las personas no conoce que este animal no lo es y la realidad es que es una especie en extinción”, recalca Dabul.    
“La misma situación se da a nivel internacional. Los países menos desarrollados y con mayores recursos naturales proveen a países europeos y a Estados Unidos y Canadá”, denuncia la especialista, “pero ahí ya entramos en otro tipo de tráfico: el de productos y sub productos”.
Es el caso de una tienda que vende cueros con alta demanda de turistas que buscan prendas innovadoras: vende carteras y botas de carpincho, zapatos de yacaré y camperas de cuero. “El local que compró el cuero del carpincho o el producto terminado está cometiendo el ilícito, pero el comprador de las botas por ignorancia o negligencia, también”.
La licenciada que además es coordinadora del Proyecto Ambiental y Consultora en Gestión y Educación Ambiental aclara que las pieles ya no son una novedad en este tema, pero que todavía existe gran demanda de ellas en el mercado. Pero, no todo es moda, porque Dabul agrega que “también puede aparecer un buscador de trofeos que compra una cabeza de ciervo de los pantanos para poner en su living. En ese caso, es negligencia, es no pensar en las reales consecuencias para el animal y el hábitat”.
Muchas especies son las que se encuentran en peligro, Dabul precisa que “aves como el cardenal amarillo y el jilguero que son extraídas de su hábitat natural para vivir en cautiverio van camino a desaparecer. Porque, si a esto le sumamos que existe en paralelo la destrucción de los ambientes naturales, se están extrayendo muchos de los pocos ejemplares que quedan y el resto muere junto con su hábitat”.
En estos casos la licenciada manifiesta que no es bueno comprar las aves para luego soltarlas porque “uno piensa que puede estar haciéndoles un bien, pero en realidad se está posibilitando la compra de otro ejemplar y se corre el peligro de infectar con enfermedades a los compañeros que viven en libertad”. La mayoría de las veces los animales son tenidos en veterinarias bajo condiciones de poca higiene y hacinamiento y esto los enferma y deteriora.

Palabras clave:  extincion - trafico de animales - ractes - dabul