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Escrito por Redacción
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Miércoles, 14 de Octubre de 2009 10:48 |
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 Hay un turismo exclusivo del primer mundo que tiene en la ciudad de Bangkok (Tailandia), un destino para saciar su apetito sexual con niños y niñas que son obligados a ejercer la prostitución infantil. Paradojas del destino, los países desarrollados siguieron esa misma lógica en la reunión sobre Cambio Climático que se desarrolló en esa ciudad del lejano oriente.
El secreto mejor guardado pro los países del G8 es la imposición a la fuerza del poco transparente Mercado del Carbono. Algo así como ordenar a los más débiles a bajarse los pantalones mientras ellos siguen con la fiestita de la contaminación. No contaron que entre esos países de economías menos agraciadas, muchos han llegado a la mayoría de edad y no están dispuestos a entregarse por un puñado de billetes.
Bangkok fue uno más entre la gran cantidad de fracasos camino a la XV Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP 15), que se desarrollará en diciembre próximo en Copenhague. La próxima cita es en Barcelona. Dicen que será la última, pero nadie pondría las manos en el fuego.
Los chicos empezaron con las rabietas. Lula acusó directamente a los Estados Unidos del tema. Para el líder brasileño, no es lo mismo comparar al gigante de América con su par de Asia. “En Estados Unidos tienen una revolución industrial hace casi 200 años. China comenzó ahora. Por lo tanto, la responsabilidad con el calentamiento del planeta es mucho mayor por parte de los países ricos que por los emergentes", dijo Lula en su programa de radio ‘Café con el Presidente’.
La película es la de siempre: ricos contra pobres. Los primeros ingresan en tropel en la definición que dio Lula. Los pobres quieren salir de la pobreza. El dinero que piden unos a otros no es esa migaja que ofrece el mundo desarrollado, si no que son miles de millones de dólares que se deberían volcar a las economías más débiles para la mitigación del cambio climático.
Los pobres quieren estirar Kyoto donde están bien establecidas las obligaciones de las naciones desarrolladas, esto es, recorte de emisiones y ayuda financiera a los menos favorecidos. Los del norte apuestan a que esta transferencia se haga a través de mecanismos de mercado. La férrea oposición a esta pretensión noqueó cualquier acuerdo.
El mundo vuelve a estar dividido para las páginas de los periódicos. Una división que nunca dejó de estar y que se profundiza cada vez que hay que acordar algún tema que afecta a todos por igual. Los grandes vinieron a comerse a los chicos. En Bangkok era casi una perogrullada. Lo que nadie tuvo en cuenta es que los chicos crecen y que no se dejan voltear así nomás, ni en la misma Tailandia.
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