La verdadera Cop se juega en la carrera armamentista PDF Imprimir E-mail
Escrito por Juan Luis Peri   
Sábado, 19 de Diciembre de 2009 13:30

“Quizás el problema más profundo que rodea mi recibimiento de este premio es el hecho de que yo soy el comandante en jefe de una nación que está en medio de dos guerras. Una de estas guerras está aplacándose. El otro es un conflicto que Estados Unidos no buscó; uno en el que estamos junto a otros 43 países en un esfuerzo por defendernos y al resto del mundo de más ataques” Barack Obama.

El Air Force One despegó dos veces en 26 horas y Oslo fue el destino para que Obama dejara claro que el Nóbel de la Paz es cuestión de guerra. La escasa distancia de la decimoquinta Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 15), se proyectó de lleno a la realidad anunciada. Obama es una gran mentira. Alguien podría decir que recibir el premio Nóbel de la Paz poniendo un arma sobre la mesa es un mensaje claro. Alguien podrá decir que la expulsión de la sociedad civil de las deliberaciones y la pequeña guerra desatada en versión danesa también lo es.

Tal vez tengamos que replantear las cosas. Durante su mandato el temido ex presidente Bush aseguraba con sus enviados a las anteriores cumbres de cambio climático que no firmaría el tratado porque era político y anunciaba millonarias inversiones mientras fogoneaba la industria sucia y la guerra. Obama es igual pero con premio. Pero lo más importante es que la delicada situación parlamentaria que implica la convención no es más ni menos que el sujeto que se expresa en una organización –Naciones Unidas- financiada por los Estados Unidos que a su vez porta un arma que dispara. Lo único serio es comenzar a mirar que el escenario futuro no escapará de la necesidad de intervenciones armadas por los recursos. Hoy la vida en las bases militares cuenta con camareros en esmoquin que sirven la cena a los oficiales y hasta un Burger King se ha inaugurado en el enorme complejo militar del aeropuerto de Bagdad. Las bases militares, además de marcar los confines del imperio, son un buen negocio para muchas empresas de EEUU, que son un anexo del Pentágono. Un discurso que llena de inquietud es la de la idea de que el mundo debe unirse para afrontar el cambio climático. Sequías, hambrunas y desplazamientos masivos serán abordados no solo por científicos y activistas. El combo incluye a los “líderes militares en mi país y otros que entienden que nuestra seguridad común pende del equilibrio” dijo Obama. Pero el presidente no está solo. A Barack Obama no le costó mucho convencer a los europeos para incrementar sustancialmente sus tropas en Afganistán. Incluso a aquellos países que dijeron no, tampoco retiraron militares. Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, España, Polonia son parte de esa constelación. En la versión sudamericana la precandidata presidencial del Partido Conservador de Colombia, Noemí Sanín, refrendó su apoyo al acuerdo del Gobierno de su país para que Estados Unidos pueda utilizar siete bases militares en su territorio. Es el orden del mundo con sus apariencias de discusión en malos y buenos que se diluyen en la vida real. El precio ya lo sabemos.

Palabras clave:  cop 15 - cambio climatico - obama
 

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