Alerta en las carnicerías: los Greenpeace andan sueltos PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Martes, 16 de Febrero de 2010 11:08

Los chicos ven muchas películas de acción. Como si fueran personajes salidos de la imaginación de algún guionista trasnochado, “los dos de Tokio” esperan entre rejas el juicio condenatorio. El título les fue dado por sus propios camaradas de Greenpeace. La eterna adolescencia se les va a cortar a los dos japoneses averdesados que pueden llegar a pasar 10 años presos si se los condena por el robo de carne de ballena.

Si uno piensa en el precio de ese producto -485 euros el kilo- no solo les da la razón a los jóvenes aprendices de ladrones, sino que saldría a robarse unos buenos pedazos para vender en el mercado negro.

Pero los chicos son naif y tienen buenos sentimientos. “Se trató de un intento de hacer pública la venta ilegal de carne de ballena. La carne no fue para consumo privado ni para la reventa, explicó Junichi Sato, coordinador de Greenpeace Japón y nuevo inquilino de las cárceles niponas.

En abril de 2008, Sato y su compañero, Toru Suzuki, se hicieron con una caja con 23 kilos de carne de cetáceo cazado por el ballenero Nissin Maru, con el objeto de demostrar que ese producto es usado para el consumo y no para la investigación científica como afirman autoridades y empresarios japoneses.

Como dos rateritos, los chicos ingresaron en un almacén de la compañía transportista Seino Tranportation en Aomori, y se abalanzaron sobre la caja. Inmenso error. La policía cayó sobre los muchachos y fueron a parar con sus huesos a la cárcel.

Las protestas llegaron hasta la Argentina, donde un escuálido grupo con disfraces de segunda mano protestó frente a la embajada del Japón.

Pero la cosa no va a ser fácil. Pese a que los dos activistas se declararon hoy inocentes en el inicio del juicio, las autoridades japonesas tienen especial cariño por la carne de ballena, sentimiento que no ofrece mucho margen para que los greenpeace puedan zafar del cadalso.

Acá, muy lejos de las tierras del crisantemo, el precio de la carne se fue por las nubes y las vaquitas no tienen quien las defiendan. Por las dudas, las carnicerías pusieron cartel de “wanted” para cualquier fundamentalista verde que merodee por sus negocios.

 
Palabras clave:  ballenas - greenpeace
 

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