| Veneno al plato. |
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| Escrito por Dr Graciela Gomez |
| Martes, 01 de Marzo de 2011 10:24 |
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El nuevo libro de la investigadora Marie Monique Robin “Nuestro veneno diario”, está terminado luego de dos años de investigaciones. El libro de 400 páginas explica en particular el papel desempeñado por el sistema de evaluación de los venenos y como la industria química contaminan nuestros alimentos. Dejamos claro también en ese artículo que el dogma intocable de la evaluación toxicológica de los venenos no es válido para muchas sustancias, incluidos los llamados "disruptores endocrinos" y que incluso a menudo es completamente irrelevante, porque ignora a la cantidad de venenos a los que estamos expuestos en forma diaria, que interactúan entre sí, son acumulativos y aditivos. Y al llamado "efecto cóctel" producto de sinergias y mezclas que esparcen sobre nuestras cabezas ante la resistencia de nuevas plagas que solo aumentan las dosis diluyendo por inconsistencia, la falacia de que esta agricultura dependiente de agroquímicos vino a salvar al mundo. Las agencias reguladoras son las encargadas de establecer la “ingesta diaria admisible” llamada IDA, que supone que es una dosis que podemos ingerir a diario sin enfermarnos. “Solo la dosis hace el veneno”, se hizo dogma central de la “ideología de la ingesta diaria aceptable”, según Robin en palabras del profesor René Truhaut. “En otras palabras, a dosis muy bajas, los productos químicos son inofensivos. Sin embargo la mayoría de las IDA se calcula sobre la base de estudios en la propia industria química. Como Monsanto, muchas empresas en este sector que mienten y engañan. Los datos del IDA son muy sospechosos, calculado sobre la base de los datos facilitados por las empresas cuya principal preocupación no es la salud del consumidor, pero si el afán de lucro”. El problema, explica Erik Millstone, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Brighton, Inglaterra, “es que la IDA es como un cuadro negro”. Un arma necesaria para aquellos que han decidido que tenían derecho a utilizar productos químicos tóxicos, incluso en el proceso de producción de alimentos”. Por lo que expresó la autora del Mundo según Monsanto: “Mi investigación demuestra que la IDA es en realidad una herramienta arbitraria y en muchos casos totalmente ineficaz, y no sirve para protegernos contra el peligro químico”. Las enfermedades como cánceres del sistema linfático (leucemia, linfoma, mieloma), cerebro, próstata, páncreas, hígado, piel, y dos enfermedades neurodegenerativas (Parkinson y Charcot), y la lista crecerá, a medida que los campesinos salgan del silencio” agregó Robin. En cuanto a la afirmación de que no hay relación entre los pesticidas y las enfermedades crónicas, manifestó que “No es la opinión de la Mutual Social Agrícola o muchos tribunales de Asuntos de la Seguridad Social (TASS), que le otorgó la condición de enfermedad profesional a una treintena de pacientes agricultores, incluyendo Yannick Chenet, que falleció el 15 de enero pasado” contestó. Para ello, los jueces y los expertos se basan en numerosos estudios epidemiológicos, sino también experimentales, en animales, que demuestran los efectos cancerígenos de los plaguicidas. Yannick Chenet, a quien Robin dedica su investigación, es uno de los testimonios en el documental. Trabajó en una granja de Saujon, Francia, con cereales y vides destinadas a la producción de agua ardiente. Desarrolló una leucemia mieloide tipo 4 ,debido a su exposición crónica al benceno, veneno que utilizan en esos cultivos. En el libro "Nuestro veneno diario" cuenta la historia de Medardo Sylvain, un técnico de una granja cooperativa en Picardía, al norte de Francia , que sufre de una rara miopatía, una enfermedad muscular , por la que hoy está en una silla de ruedas. Fue el primero en obtener el estatus de enfermedad profesional a través de los jueces. La Unión Europea ha desarrollado el programa REACH, un sistema integrado de Registro, Evaluación, Autorización y Restricción de las Sustancias Químicas.La idea es invertir la carga de la prueba, pidiendo a la industria que demuestre que los productos que desean poner en el mercado no son tóxicos. “No tenemos más opción que fomentar la agricultura ecológica, alimentos ecológicos, la cocción de productos frescos, reducir al mínimo los platos que se venden en supermercados y el exceso de comida chatarra”. Los peligros potenciales pueden ilustrarse con el hecho de que en lo cotidiano se utilizan alrededor de 60.000 compuestos químicos y cada año se lanzan al mercado de 200 a 1000 productos nuevos.
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