 “La decisión es irreversible", dijo el ministro alemán de Medio Ambiente, Norbert Röttgen, por lo que a Alemania ya sólo le queda hacer cuentas del costo que significará el cierre de las centrales. El país se propone prescindir en sólo 10 años de la energía nuclear, que hasta ahora suponía el 23% del total de la matriz energética. Trasladado significará que cada consumidor tendrá un aumento del 6% en la factura energética y también se producirá un 9% más de gases de efecto invernadero. Esto último se debe a que las plantas que sustituirán alas centrales producen energía eléctrica a base de gas y carbón.
Otro costo es el cierre y transición que costará unos 40.000 mil millones de euros. La pelea interna por la energía nuclear solo produjo un giro en Merkel luego de varias manifestaciones tras la catástrofe de Fukushima. Siete plantas de energía más antiguas, que se vieron afectadas por la moratoria, y también la planta de Kruemmel, no volverán a funcionar y deberán ser desmanteladas. Un segundo grupo de seis reactores cerrará a más tardar en el año 2021, y las tres centrales nucleares más modernas lo harán en última instancia, para el año 2022. Por su parte la coalición de gobierno de Berlín intentará seguir cobrando unos años más el impuesto extraordinario pactado con los productores de energía atómica cuando, el pasado otoño, accedió a prolongar la vida activa de los reactores, para que las arcas públicas sufran el menor daño posible, y trabaja en un desvío de recursos hacia las renovables. Se calcula además que Alemania necesitará de aportes externos y se prevé que con la desconexión de los reactores habrá cortes eléctricos y problemas de suministro. |