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Escrito por Redacción
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Viernes, 15 de Mayo de 2009 11:26 |
Los temas ambientales tienen tres grupos de fundamentalistas. Por un lado los niños, los ecologistas y las empresas en general por el sentido contrario. Pero de los tres grupos, según un estudio comparativo, si usted tiene un preescolar en su casa, es probable que en más de una oportunidad le haya exigido apagar su cigarrillo porque contamina el aire, o lo increpe por tirar los papeles al suelo. Estas acciones son bastante normales en pequeños que tienen claro cuál es la actual condición de la tierra. No obstante, en ocasiones, parecieran tomarse demasiado en serio el rol de protegerla.
Entre los tres y cinco años de edad los niños recién están adquiriendo normas de conducta, por lo que cuando la mamá o la tía o alguien les dicen que no hay que fumar porque se daña la naturaleza, ellos lo asumen al pie de la letra y se molestan porque otros sí lo hacen. La educadora de párvulos del jardín infantil Entreteniños Marisol Hernaiz Quiroz comenta que “los niños suelen tener una singular interpretación de las cosas”. "Si uno les da una instrucción ellos lo entienden de forma literal, para ellos no hay matices. Se toman todo muy a pecho y, en ciertos niños, pueden haber conductas entre comillas obsesivas". La profesional recalca que la edad preescolar es la recomendada para crear hábitos de protección medioambiental. "Aquí los chicos hacen huertas y les regalan plantas a los vecinos. Incluso una vez hicimos una protesta con pancartas defendiendo al planeta. Con eso ellos aprenden y lo pasan bien". La directora del jardín infantil Copito de Nieve, Polet Valenzuela Romero, comenta que la finalidad de las actividades no es estresarlos con el tema, sino que ellos transmitan el mensaje al hogar. "El objetivo de enseñarles a reciclar los materiales de desecho, a plantar verduras y plantas, y a hacer tierra de abono es que ellos lleven el mensaje de cuidado del medioambiente a su casa, a sus padres, para que ellos se motiven y realicen tareas en familia". El jefe del área de Educación Ambiental y Participación Ciudadana, Carlos Tapia Verdejo, comenta que el fundamentalismo que se produce con el cuidado del planeta se debe a que a veces los dichos o discursos no van en congruencia con las prácticas. "Cuando ocurre eso con los niños es porque han visto más campaña del terror, del no hacer esto o lo otro, que hacer algo por el medioambiente desde la realidad. El biólogo marino recomienda, en casos extremos, hablar con el niño, entender su enojo y tratar de realizar actividades que calmen su ímpetu verde. "Los papás pueden aprender de los niños, pueden desarrollar en conjunto técnicas de ahorro energético, cuidar las plantas del jardín, o regar el pasto. Nunca deben hacerles sentir que están equivocados y cerrarles las puertas". Alguien con humor dijo ahora entiendo a Greenpeace |