Obama y el purgatorio en la emisión de gases de efecto invernadero PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Jueves, 21 de Mayo de 2009 00:15
Lo que parece un anuncio de metas vinculado a la actividad automotriz, es en sí una definición estratégica y política en cuanto a energía a nivel global. A menos de un mes de que el primer ministro británico, Gordon Brown, anunciara una serie de medidas destinadas a liderar mundialmente  la producción y exportación de automóviles eléctricos y vehículos dotados de motores híbridos, Barack Obama redobló la apuesta. Ayer martes anunció los primeros límites para reducir la emisión de gases de efecto contaminante en toda la historia de los EE UU tomando el mismo sector que su par Brown.   Las alianzas y matices de los países centrales son para eso para seguir en esa posición. La medida declarada por Obama, esta orientada a la restricción del  consumo de combustibles para todos los fabricantes de autos, pero engloba a una política energética que está en discusión a nivel de las potencias económicas mundiales. Ayer Obama estableció el objetivo de que antes del año 2016  los autos contaminen un 30% menos. "Por primera vez en la historia, hemos puesto en marcha una nueva política nacional destinada a aumentar el kilometraje de nuestros coches y reducir la contaminación de gases de efecto invernadero”  puntualizó Obama en su discurso.   Pero lo importante a reducir no es la contaminación, el reto se extiende a la dependencia que el país tiene con el recurso petróleo, y las relaciones políticas que esto acarrea.  Para eso hoy en los Estados Unidos distintas figuras vienen imponiendo la idea de no derrochar la riqueza propia en la compra de petróleo a países como Arabia Saudita, México y Venezuela. La idea de Obama es imponer a las empresas para que fabriquen autos que consuman 6,6 litros por cada 100 kilómetros, ahorrando 286.000 billones de litros de crudo en 7 años.  “La reducción del consumo de nafta equivale a 1.800 millones de barriles y a 900 millones de toneladas métricas de gases de efecto invernadero durante la aplicación del programa” explicó Obama. Pero el tema central es que los EE UU, consumen el 25% de la producción anual de crudo a nivel mundial. La otra perspectiva es que también el país tiene que competir con la producción de autos y el marco de la generación de empleo en plena crisis y en este juego hay otros.   Obama reconoció que hay diferentes intereses contrapuestos tanto económicos como políticos, pero mencionó que este "statu quo ya no es aceptable". A comienzos de enero de este año, el presidente de los Estados Unidos anunciaba metas de ahorro de petróleo y políticas energéticas. Obama estableció la idea de   "una nueva economía de la energía" con dos objetivos simultáneos: “la generación de un nuevo motor económico que impulse el empleo y el crecimiento, y la promoción de una cultura medioambientalista que sitúe a Estados Unidos en la vanguardia de la lucha contra el cambio climático”. Esto supone una clara ruptura con la política de la administración Bush. En enero de este año Obama decía "Por el bien de nuestra seguridad, de nuestra economía y de nuestro planeta, tenemos que tener el coraje de comprometernos a cambiar".  "La política de mi administración estará destinada a revertir nuestra dependencia del petróleo extranjero mediante la construcción de una nueva economía de la energía que creará millones de puestos de trabajo". Dicho de otra manera lo que Bush organizaba como estrategia política de guerra para la obtención de recursos energéticos e intervención en el mercado, para Obama es un cambio de ciclo. Es hacer todo lo contrario a la gestión precedente, tan afecto a las democracias sudamericanas.   Al mismo tiempo, Obama planteó trabajar para la formación de "una nueva coalición climática" en el mundo. "Estamos dispuestos a actuar, y estamos dispuestos a que otros países, como China o India, actúen en la misma dirección".  Ni Estados Unidos ni los dos colosos asiáticos ratificaron el Tratado de Kioto y estuvieron aliados a esas estrategia por años. Hasta hace pocos meses, la Administración norteamericana incluso ponía en duda los pronósticos científicos sobre el acelerado deterioro del medio ambiente. Hace tres semanas, la Environmental Protection Agency (EPA) reconocía “que seis gases de efecto invernadero contribuyen a la contaminación del aire y pueden poner en peligro la salud pública”. "Este problema ambiental tiene una solución que creará millones de empleos verdes y acabará con la dependencia de nuestro país del petróleo externo", declaró Lisa Jackson en un claro alineamiento de la gestión política.A su vez   se reconocía por primera vez que los gases de efecto invernadero, alteran el clima y son peligrosos para la salud pública. Obama quiere convertir el sector de la energía, desde el punto de vista económico, en algo parecido a lo que el lanzamiento de las nuevas tecnologías de comunicación dio lugar a finales del siglo pasado, otra "nueva economía". Y, desde el punto de vista político, en un gran instrumento para recuperar autoridad internacional y capacidad de presión en el mercado.  El sueño de la independencia energética es antiguo. Richard Nixon fue el primero en pensar esa meta. La crisis actual y el nuevo panorama internacional hacen ahora ese objetivo más acuciante.
Palabras clave:  petroleo - energia - obama
 

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