Greenpeace siempre con los más débiles PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Jueves, 20 de Agosto de 2009 16:13

Lo de Greenpeace no tiene límites. Su política de seducción a la nueva administración norteamericana parece copiada a la de los famosos Winnie Pu que Guido Di Tella enviaba a los habitantes de las Islas Malvinas. Esta vez, la destinataria de los mimos verdes fue la abuela del primer presidente negro de los Estados Unidos: Barack Obama.

Con su capacidad para hacer campañas mediáticas sin ir al fondo del problema, la organización ecologista, a través de su “Generación Solar”, se apersonó en la casa de la abuela y le regaló paneles solares. “Que buenos chicos”, habrá pensado la anciana devenida en famosa por cuestiones familiares.

“Mama Sarah” vive en Kenia, un país acosado por la desigualdad. Greenpeace no imaginó mejor recurso que fijarse en la anciana para poner el énfasis en “el problema de la pobreza energética y el cambio climático”. Un golpe de efecto más en la larga lista de los realizados por la organización. Algo así como el barquito navegando placidamente por el Riachuelo denunciando la contaminación de la Cuenca. Después se vuelven a sus confortables habitaciones del primer mundo y las cosas quedan como están.

Kenia, al igual que muchos otros países de África, se encuentra "en la primera línea de los impactos del cambio climático", según explicó Greenpeace, ya que "se han reducido drásticamente las precipitaciones en los últimos años. La sequía ha agravado los problemas en la agricultura causados por el mal uso de la tierra y la desertificación, y hace imposible la utilización a gran escala de la energía hidroeléctrica", dijeron los ambientalistas.

Es poco probable que la acción de Greenpeace en lo de la abuela de Obama tenga algún impacto en el verdadero problema. Pero eso no le importa a la organización. Lo que califica es la cantidad de ríos de tinta y fotos complementarias que puedan publicarse por el mundo. Circula desde algún tiempo la versión de que a más aparición en los periódicos, mayor es el aporte que desde la casa central en Holanda se hace a cada filial. Nada es comprobable en una organización que guarda sus secretos de financiación bajo siete llaves.

Obama va a estar contento. Su abuela ahora tiene como encender lamparitas bajo consumo alimentadas por paneles solares. No importa que alrededor, el hambre y la miseria no permitan ni tener un cable de donde colgarse. La acción está hecha y los resultados se verán en los medios. Una vez más, Greenpeace se jugó por una buena causa.

 

Palabras clave:  greenpeace - obama
 

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