Del Mercurio no se salva ningún pez PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Martes, 25 de Agosto de 2009 10:11

 ¿Qué pasaría si se analizaran todos los ríos de la Argentina?. Por supuesto, se trata de una ficción. Un país que no es capaz de analizar ni siquiera lo que tiene ante sus propias narices (entiéndase por esto la Cuenca Matanza-Riachuelo o la Cuenca del Reconquista, por sólo dar dos ejemplos conocidos), no puede ni compararse con los Estados Unidos donde, ahí si, se analizaron 300 ríos de todo el territorio para saber que niveles de contaminación de mercurio sufrían los peces.
Los resultados no podían ser peores. En todos los cursos de agua fueron encontrados restos de ese metal pesado. Sin embargo, un suspiro de alivio surgió en los investigadores cuando descubrieron que “solo” una cuarta parte de los cursos analizados superaba los valores establecidos por la Agencia de Protección Ambiental de ese país.
El estudio realizado por Servicio Geológico del país del norte es el más amplio conocido hasta la fecha. Entre 1998 y 2005, los científicos recolectaron y examinaron más de mil peces, incluyendo percas, truchas y bagre, de 291 riachuelos en todo el país.
"Estos datos científicos envían un claro mensaje de que nuestro país debe seguir enfrentando la contaminación, restaurar las vías fluviales de nuestra nación, y proteger al público de peligros potenciales a su salud", afirmó el secretario del Interior, Ken Salazar, en un comunicado.
Ni una referencia sobre una utilización para “uso recreativo pasivo” de los ríos como sugieren funcionarios de estas latitudes respecto del Riachuelo.
"Desafortunadamente, se da el caso de que prácticamente casi cualquier pez que examines actualmente tendrá mercurio", dijo Andrew Rypel, investigador postdoctoral en la Universidad de Misisipí, que ha estudiado la contaminación con este metal en peces por todo el sudeste del país.
El mercurio consumido al comer pescado puede dañar el sistema nervioso y provocar discapacidades de aprendizaje en fetos en desarrollo y niños pequeños. La principal fuente de este metal en la mayoría de los ríos examinados, de acuerdo con los investigadores, son las emisiones de las plantas eléctricas que utilizan carbón como combustible.
El mercurio emitido por las chimeneas en Estados Unidos y el extranjero es arrastrado por la lluvia hasta las vías fluviales, donde los procesos naturales lo transforman en metilmercurio, una forma que permite que la toxina se abra paso a través de la cadena alimenticia hasta llegar a los peces.
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