| Un plan Marshall para cambiar bosques por plástico |
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| Escrito por Redacción |
| Sábado, 19 de Septiembre de 2009 13:18 |
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En estos días dos noticias marcan una tendencia a futuro inmediato. El presidente de Brasil ha iniciado una carrera armamentista en función de proteger el valor estratégico de la región amazónica. A su vez en Argentina se estima que la soja tendrá una nueva siembra récord donde se estima que la oleaginosa ocupará casi 20 millones de hectáreas que representa el 70% del área total cultivable. En ambas decisiones de gobierno y privadas se observa la búsqueda de refugio económico con impacto en el ambiente. Los intereses estratégicos de distinta naturaleza y resolución tienen en si el común denominador vinculado a la explotación de los recursos naturales. En este sentido A pocos días de quedar inaugurado el Congreso Forestal Mundial en Buenos Aires, se festeja este 21 de septiembre el Día internacional contra los Monocultivos de Árboles. Para la World Rainforest Movement, la política vinculada a las plantaciones de árboles es negativa. “No sólo que los monocultivos de árboles no son bosques, sino que tales plantaciones resultan o han resultado en la destrucción de nuestros bosques nativos y de otros ecosistemas igualmente valiosos que sustituyen” dicen desde la WRM. En la Argentina la deforestación sigue. La pérdida neta total en el área del bosque nativo en el período 2000-2005 se calcula en 7,3 millones de hectáreas por año frente a 8,9 millones de hectáreas anuales en el período 1990-2000, según informa la FAO. En nuestro país, el área boscosa que se pierde por año sigue alcanzando las 250.000 ha/año. Para Winnie Overbeek, Red Alerta contra el Desierto Verde, Brasil, las plantaciones de árboles en gran escala no generan empleos ya que la producción es altamente mecanizada. Para dar un ejemplo Overbeek señala que la empresa Veracel Celulose de Brasil genera un empleo directo cada 103 hectáreas implantadas con eucalipto. Los empleos generados son además extremadamente caros. “Por ejemplo, un empleo generado por Veracel Celulose cuesta 2 millones de dólares. Con esta suma, sería posible instalar a más de 150 familias en asentamientos de la reforma agraria, lo que propiciaría un futuro para esas familias y produciría alimentos para abastecer a las ciudades, en vez de exportar celulosa para producción de papel descartable en Europa”. A su vez regularmente las plantaciones suplantan al bosque nativo lo que produce todo tipo de desplazamientos que incluyen a comunidades. Las plantaciones no son bosques y no albergan la diversidad biológica necesaria para las distintas formas de vida. Los bosques nativos satisfacen las necesidades y mantienen el ecosistema. Por otra parte se ha comprobado que la desaparición de los bosques nativos y reemplazarlos con plantaciones produce disminución de los cauces de agua tanto superficial como subterránea. También hay que destacar dos aspectos. Por un lado en líneas generales las plantaciones de árboles suelen ser de especies exóticas. Esto produce importantes cambios en el sistema. Otro aspecto son los procesos de cortes y la industrialización posterior. Por ejemplo en el caso de la celulosa las industrias del sector figuran entre los principales sectores que emiten gases de efecto invernadero. Un ejemplo de esto es Tierra del Fuego donde la explotación de la lenga termina como madera de pallets y se calcula que en pocos años no habrá más bosque para explotar. A través de esta actividad, la empresa de plantación, que a menudo es también la que tala los bosques, dispondrá de madera barata – al talar el bosque – y de tierra fértil hasta entonces ocupada por dicho bosque. El los Estados Unidos desde los años 50 y hasta el día de hoy, se han convertido 17 millones de hectáreas de bosques y tierra para agricultura en plantaciones de monocultivos para madera. Por otra parte la argumentación de que el bosque implantado sirve como sumideros de carbono para combatir el cambio climático es una ecuación que deja muchos más dudas que certezas. La mayor presión sobre los bosques naturales, los químicos tóxicos para el manejo forestal, los ciclos de crecimiento más cortos que aumentan la presión sobre el suelo y los recursos hídricos, y un mayor empuje para desarrollar e implementar el uso de árboles genéticamente modificados sumados al proceso industrial posterior no cierran el ciclo y genera más emisiones de CO2.
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