La convención de cambio climático se devora a sus hermanas PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Miércoles, 30 de Septiembre de 2009 15:07


Tiene prensa y es rica. El estrellato del que goza la Convención de Cambio Climático opaca y deja a un costado a su pariente pobre; la Convención de Lucha contra la Desertificación (UNCCD). El tema de la absorción de una por parte de la otra gira en las cabezas de quienes participan de la Novena Conferencia de las Partes (COP 9) de la UNCCD, que se realiza en estos días en Buenos Aires. Hay voces a favor y voces en contra.
Entre estas últimas, la del secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, Homero Bibiloni, sobresale y es casi una cruzada. Hasta reunió a sus pares del Mercosur para pedirles una estrategia común que incluya, claro está, un compromiso para que la Convención no se diluya en los temas del cambio climático.

No todos están de acuerdo con el funcionario local. La propia directora de Asuntos Internacionales de la Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea, Soledad Blanco, ofreció una conferencia de prensa donde el tema de la Conferencia de Copenhague –en la que se tratará de llegar a un acuerdo que suplante al Protocolo de Kyoto sobre gases de efecto invernadero, que expira en 2012- ocupó toda la conversación.
El director de Suelo argentino, Octavio Pérez Pardo, hizo lo imposible para dejar bien en claro que para el país, una cosa es una cosa y otra es otra. “No estamos de acuerdo en que Cambio Climático financie la Convención sobre Desertificación”, dijo. Es que para el discurso de la Secretaría, la Convención Madre lleva la “lógica del mercado” mientas que la Desertificación tiene “sabor local”. El savoir faire progresista.
La posición argentina debe lidiar con un fuerte grupo de países, entre los que se encuentran los africanos –y se sospecha que también Brasil, pese al intento de Bibiloni por aunar posiciones dentro del Mercosur- que consideran que hay evidencias suficientes para vincular ambas convenciones.
“Hay un vínculo estrecho y será difícil hablar de cambio climático si no se habla de restauración de los suelos. El hecho de lograr este entendimiento es crucial. Ese es el mensaje que llevaremos a Copenhague. Ahora tenemos pruebas de ese vínculo”, dijo sin dudar la ministra de Ambiente de Namibia, Netumbo Nandi-Ndaitwa.
Y más aún, apostó a que “ambas convenciones se complementen para satisfacer sus objetivos”, en referencia al tema de movilización de recursos.
No es un tema menor. Cada movimiento de la burocracia de las Naciones Unidas significa una erogación de grandes sumas de dinero en papeles, seguridad y viáticos. ¿Qué sentido tiene si, como dicen los africanos, hay evidencia científica suficiente para vincular ambos fenómenos?
Nada de esto importa a los argentinos. Apenas una diplomática salida de Pérez Pardo para gambetear el interés periodístico. “Estos ejercicios de vincular la desertificación con el cambio climático son muy plausibles”, aseveró. Sólo eso; ejercicios.
En los medios de comunicación del mundo –un buen termómetro para ver quien gana esta pulseada-, hubo más eco de la reunión preparatoria para Copenhague que se está realizando en Bangkok, Tailandia, de la que se lleva a cabo en Buenos Aires.
La cenicienta de las convenciones tambalea ante la evidencia. Un Príncipe venido del lejano sur –mas empobrecido aún que la propia cenicienta- trata de que el cuento no llegue a un triste final. Difícil tarea. Otro David contra Goliat. La burocracia acomodada de las Naciones Unidas, como aquellos nobles parásitos del palacio de Versailles previo a la Revolución Francesa, ven peligrar sus privilegios.

 

Palabras clave:  convencion - cambio climatico - desertificacion
 

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