Greenpeace Yoel, Arco Iris y la producción limpia PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Viernes, 02 de Octubre de 2009 16:04


Podríamos comenzar como en la publicidad. Mis padres son básicamente hippies. Yo me banco llamarme Yoel Arcoiris. La historia es simple, una familia que va por la ruta, son diferentes a los demás, sin destino cierto y logran comunicarse con el mundo externo. Estos últimos serían las convocatorias para la cyberacción. Desde esa imagen podemos señalar a la organización Greenpeace. Basta con seguir los últimos años de la organización para sacar una serie de conclusiones compartidas por numerosas organizaciones, colectivos sociales, individuos, periodistas y políticos.

La organización plantea los ceros como metas. Basura Cero e industrias limpias son una quimera de escaso a nulo cumplimiento. Todos saben que la ciudad de Buenos Aires no puede tener una meta cero en basura y que la realidad social es lo suficientemente compleja como para edulcorar con mentiras. La basura en la ciudad es parte del comportamiento ciudadano y de una red de pobreza, riqueza y negocios. La mano hay que meterla en el barro no en las paquetas demostraciones a la europea globalizada. Una cuestión es minimizar y otra es hacer un plan en un escritorio que de cero. Las industrias de la cuenca matanza riachuelo produciendo limpio es otra de las propuestas de Greenpeace. En este sentido y rodeados de la “rubia tarada” emulando a la letra de Luca Prodan, tenemos otra teatralización. Las empresas afincadas en la cuenca van desde la más alta complejidad ambiental al garaje clausurado de Lugano que hacía las veces de frigorífico y que se muestra como logro. Pero además de la diversidad, la falta de controles, la convivencia del estado, las mafias, en el país se produce tan sucio o menos sucio por escala que en cualquier parte del mundo. Es raro ver a la organización que revolotea en el cambio climático olvidar que el país donde nació Greenpeace es una de los más contaminadores. Pero además la meta de producción limpia no solo requiere nombrarla. Necesita algo más que es inversión. En nuestro país el estado da como respuesta hacer talleres de producción limpia mientras genera deuda pública. A esos talleres no se acerca ningún industrial, ni pyme, ni cámaras. Solo van burócratas que se aplauden a sí mismos mientras la prensa la maneja un acomodado con antecedentes de Flanders. Así que si no ponemos a los delincuentes que contaminan en la cárcel aplicando la ley es porque se mete inmediatamente la cola del empleo y de la competitividad, de los punteros políticos y sigue la lista. Fiel reflejo de esto son los sindicatos que no quieren saber nada de la variable ambiente.
Es que para este sector el empleo es más importante que las condiciones de ambiente si no la gente no come. Entonces ahí se ven los efectos de pedir lo imposible, del capricho. Nosotros somos un país invadido por la rapiña de los recursos porque aún hay. Entonces aparecen en el escenario bondadosos millonarios que hacen parques que donarán al estado, millonarios que compran el glaciar propio aún derritiéndose, iluminados por el cambio climático y organizaciones neocolonialistas pero en el ambiente. El resultado es que siempre al pedir el máximo se logra lo mínimo o nada. Las metas de lo imposible son en definitiva axiomas de irrealidad. El bienestar de Chacarita donde tiene la sede Greenpeace está vinculado con la pobreza del Riachuelo. Para unos los paneles solares para otros las velas o colgarse con cañas si tienen la suerte de que pase el cableado.

 

Palabras clave:  greenpeace - produccion limpia - basura cero
 

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