| Las botineras del Medio Ambiente (Parte I) |
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| Escrito por Redacción |
| Sábado, 03 de Octubre de 2009 14:56 |
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Las puede el olor al dinero. Revolotean sobre la hipotética “víctima” para seducirla y entregarse y hacen la novia pisando cabezas para llegar al objetivo. Por fin, con el anillo en el dedo, se convierten en señoras respetables. Son las botineras. ¿Del fútbol?. No, nada que ver. Son las famosas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs). Pueden estar travestidas de fundaciones, asociaciones, uniones, y demás etcéteras, pero no son más que prostitutas del Medio Ambiente. También hay periodistas, filántropos, dirigentes políticos y sociales, pero esa es otra historia. Las botineras del Medio Ambiente tienen una larga lista de magnates ecológicos a quienes succionarles los dólares. Banco Mundial, Agencias de Cooperación Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo y algunos peldaños más abajo -especie de jugador de medio pelo de la Primera C- la Secretaría de Medio Ambiente y organismos satélites. No importa que haya gente con necesidades. Vender el cuerpo y alma es más fácil y cómodo. Buenos viajes, hoteles cinco estrellas, suculentos dividendos y el aura glamorosa de las grandes convenciones y congresos es un buen botín por el módico precio de engañar a la gente. Había una famosa de estas botineras que ahora cayó en el olvido. Comandaba la inefable Fundación Ecológica Universal (FEU). Liliana Hisas, nuestra invitada, fue una ávida buscadora de dinero. No se sabe bien cual fue su aporte a la gente. Deambuló de un lado a otro hasta que enganchó a un conocido científico –entrado en años y de prestigio internacional- que le abrió las puertas hacia el gran mundo ambiental. Fue una botinera histórica, pero no la más importante, aunque supo lucrar bien con su nuevo estatus. La reina de las botineras es, sin dudas, la multinacional verde Greenpeace. Niña rebelde cual Mariana Nanis o Wanda Nara, se acostó con todos los ricos y famosos mostrando fotos comprometedoras. Su ascenso fue más bien utilizando el método de la extorsión hasta llegar a ser reconocida por el sistema. Fueron una especie de Pepita La Pistolera versión verde. Están en todos los congresos, convenciones, charlas, encuentros y demás. Compran costosos barcos y realizan extravagantes “acciones” que en nada benefician a la gente, pero sí a su ascenso social en el Jet Set. Ahora, ya instaladas, se codean con presidentes, primeros ministros, reyes, empresas y colegas multinacionales de toda laya. Llegaron a ser una señora respetable. No les fue mal a los que de ahí salieron. Quien no está en la madre patria, Ámsterdam, hace de asesor de algún jefe de gobierno. Otra de las grandes botineras se encuentra más al sur del país. La Fundación Patagonia Natural es el mejor ejemplo de cómo hacer negocios en nombre del Medio Ambiente y no morir en el intento. Apuntaron alto y lo consiguieron. Por su cama pasaron desde el Banco Mundial hasta algún funcionario de tercera línea de la Secretaría de Ambiente que ocupó la oficina de prensa (un ávido personaje para bucear en el poder y en el dinero). Sus prohombres son dos conocidos negociadores; Guillermo Harris y José María Musmeci. Este último hasta llegó a ingresar en el organigrama de la Secretaría de Ambiente. Habría que investigar los beneficios de esta relación promiscua. Millones de dólares llegaron con destino a esa Fundación. La Patagonia costera sigue igual o peor que antes. Las botineras del Medio Ambiente no le hacen asco a la función pública. El caso más conocido fue el de Romina Picolotti y su minúsculo grupo, el Cedha. Reina de la tranza, Romina ingresó a lo más alto de la estructura ambiental argentina. Escondida tras el disfraz de la lucha por los derechos humanos, Picolotti hizo todo lo que una botinera joven sueña con hacer. Vino de su interior profundo y comenzó a coquetear con los popes del medio ambiente. Las puertas se le abrieron de par en par. Corrupción, gastos inconfesables, nepotismo, cargos para los amigos y otras yerbas. Como en todos estos casos, la gente fue la convidada de piedra. El descenso fue tan rápido como el ascenso. Son muchas más “las chicas” del medio ambiente que quieren una oportunidad para colgarse de las billeteras de los organismos internacionales de crédito o de sus socios locales. Nombrarlas a todas sería una tarea titánica. El mundo prostubolario del medio ambiente es tan amplio como generoso.
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