La semana que se va PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Domingo, 04 de Octubre de 2009 10:58

Disociados. Hay una acentuada separación entre la dura realidad de la gente y los grupos –políticos y sociales- que se arrogan la representatividad en los temas medioambientales. Falta barro, falta calle. Encerrados en lujosos hoteles o en charlas de café literario, los popes del desarrollo sostenible se alejan de la realidad cotidiana. No todos son Graciela Gómez, ni mucho menos. Al contrario. Falta coraje o simplemente se trata de negocios. Lo cierto es que en esta semana hubo un cúmulo de situaciones que demostraron cuan lejos están esos iluminados de lo que pasa en el llano.

No es con conferencias magistrales, planes imposibles de cumplir o gestos grandilocuentes que se solucionan los problemas del común de los mortales. Hablar de la producción limpia frente a un auditorio donde los afectados directos son convidados de piedra, es sólo un ejercicio de estupidez intelectual. Es un número circense al que no se tiene que prestar la justicia. Los jueces hablan a través de sus fallos.

Y lo saben muy bien aquellos que insisten con estas prácticas estériles. Tanto como montar espectáculos mediáticos para un selecto público que sale “concientizado” de una sala de cine por haber visto una película donde se muestran, en celuloide, las desgracias ajenas. Quienes eso hacen, son cómplices de una situación donde las víctimas siguen siendo víctimas, mientras los victimarios se abrazan y firman documentos ilegibles que nunca llegan a tierra. En otros continentes ya se ha acusado a estas multinacionales verdes de realizar campañas “moralmente inaceptables” que atentan contra los pobres.

Entre tantas incongruencias, las paletas del helicóptero que el secretario de Ambiente de la Nación, Homero Bibiloni, está a punto de subir para eyectarse del edificio de la calle San Martín, desparraman gotas de veneno que pueden volverse en contra. Bibiloni embistió a las consultoras que vienen a ganar fortunas y quitarle el trabajo a los especialistas locales. No hubo un mea culpa de alguien que hizo de las consultoras el “modus operandi” de su gestión. Homero le quiere escupir el asado a alguno.

Es difícil encontrar una época donde se hayan puesto de manifiesto con tanta virulencia las internas de este organismo del estado.

Es que la Secretaría y sus funcionarios no dejan de sorprender y demostrar cuan lejos están de la dura realidad de la vida de la gente común, por lo general la más necesitada. Hacen diagnósticos y hablan de temas que nada tienen que ver con lo que está sucediendo. Habría que informarle al subsecretario de Planificación y Política Ambiental de la Secretaría de Ambiente, Sergio La Rocca, que mientras su gobierno se tomó tres años para sancionar la Ley de Bosques, se siguieron (y se siguen) devastando miles de hectáreas de bosque con complicidades de todos los órdenes.

La Conferencia de las Partes (COP 9) de la Convención de lucha contra la Desertificación fue otro ejemplo de la distancia que hay entre la vida real y la fantasía. Encerrados en uno de los más selectos hoteles de la ciudad de Buenos Aires, los eternos viajantes de las Naciones Unidas se juntaron para seguir llenando de palabras miles de papeles que no tendrán ningún efecto directo sobre los millones de personas. Si esos cientos de miles de dólares se repartieran a los afectados directos, la solución llegaría en menos que canta un gallo.

Una conferencia sobre la erosión y desertificación no tuvo un minuto de reflexión sobre el tema de los agroquímicos, salvo aquellos instantes en que los especialistas venidos de todo el mundo se tomaron para responder a los periodistas que la cuestión era importante, pero que no se había tratado. El turismo de las Naciones Unidas viene sin valor agregado. Monsanto puede respirar tranquilo y seguir vendiendo espejitos de colores desde Argentina hasta Groenlandia mientras destroza hasta culturas milenarias, como la del maíz en México. Los nuevos conquistadores tienen en los funcionaros venidos a las tertulias del organismo internacional a unos buenos compañeros de ruta..

Fuera de todas esas marañas ficticias y comerciales, hay quienes caminan el barro, recorren los campos, se preocupan por dar una solución palpable y por lo tanto reciben inmensas presiones y hasta el insulto. Hay historias de personas con otros tiempos que no son los de los representantes y delegados internacionales. Tampoco es el de los funcionarios locales ni de las multinacionales verdes. Es la urgencia. A esa gente, hablarle de energías limpias es una quimera tan grande como hablarle de energías convencionales. Si ni cable como para colgarse tienen. Mostrarles videos de lo que pasa a más de mil kilómetros de distancia cuando el problema está dentro de su casa, es insultante.

A todos estos carroñeros de la miseria ajena que viven en ese mundo cerrado y egocéntrico, habría que invitarles a comer las exquisitas milanesas a la Barañao. Comprenderán entonces que no están en el camino errado. Sabrán de las bondades proteicas del glifosato encontrado en productos alimenticios. El Ministro de Ciencia y Tecnología puede quedarse tranquilo. Su producto ha sido un éxito y hasta puede que tenga el Sponsoreo de la Aapresid. Mejor no hablar de ciertas cosas.

 

Palabras clave:  barañao - graciela gomez - milanesas - soja - glifosato - bibiloni - desertificacion - greenpeace
 

Notas Relacionadas