LA SEMANA QUE SE VA PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Domingo, 11 de Octubre de 2009 11:14

Lo que sobra en Argentina es la gente. Importan las inversiones millonarias, la transformación hacia la modernidad, el avance de un futuro venturoso, el dinero.. Estamos condenados al éxito, pero si es así, se tratará sólo de una victoria pírrica. 


En 1951, una película del director Lucas Demare mostraba la dura vida de los habitantes del Delta. “Los Isleños” -un soberbio trabajo de Tita Merello y Arturo García Buhr-, fue un fresco perfecto, hijo dilecto del neorrealismo italiano. Esos mismos personajes –ya no de ficción-, son los que hoy sufren el avasallamiento del dinero y del poder. El siempre sonriente intendente del Tigre, Sergio Massa, le puso fecha de vencimiento a un estilo de vida y a un ecosistema único.

 

Desde el lujoso hotel Hilton de Buenos Aires, dio piedra libre a los ávidos inversores inmobiliarios que harán de esa zona mítica del norte del Gran Buenos Aires, un cocoliche “latino” al estilo Miami. Casas estilo mediterráneo, piletas de natación semi olímpicas y mucho glamour. Ese lujo bizantino se hará sobre los pocos bienes que fueron acumulando los isleños a lo largo de varias décadas. Massa no lo tendrá fácil. Los isleños que son atropellados por el proyecto inmobiliario Colony Park anunciaron que aplicarán el derecho constitucional de resistencia a la opresión. Es pocas palabras significa un ojo por ojo, diente por diente. La arrogancia del poder lo único que esta logrando es la fragmentación de la sociedad y la reacción violenta.

Desde el Delta hasta la Puna, pasando por el centro y el sur del territorio nacional, hay una resistencia manifiesta. No la quieren oír desde la cima del poder, por sordera o simple estupidez y es muy peligroso.

En Chubut, por el ejemplo, el devenido candidato presidencial con chances bajo cero, Mario Das Neves, está empeñado en desdecirse y llevar adelante un agresivo plan de explotación minera. No escucha ni se entera –o no quiere enterarse- que la gente está rechazando la minería a cielo abierto.

Hay una compulsiva manía de los gobernantes de turno de hacer lo contrario a lo que la sociedad quiere. Esa sociedad sobra, molesta, es un bulto que hay que sacar y tirarlo hacia otro lado. Los negocios no se hacen con estorbos. Sin embargo, los que no están invitados a la fiesta en su propia tierra no quieren ser anfitriones y mucho menos, que lo invitados ricos los echen de sus hogares y arrasen sus terruños. Así lo están haciendo y diciendo en la Puna jujeña las comunidades originarias. No quieren la minería y se lo hicieron saber a la Estado a través de una demanda judicial. Es lo que paso con la comunidad aborigen de Cangrejillos que intentan la suspensión de cinco proyectos de explotación minera de plata, plomo y zinc. Sobrevuela en la memoria colectiva el escandaloso proceso minero en el cerro Potosí, hoy uno de los lugares más pobres de la América Latina.

Otro caso de rebelión popular se está dando en Catamarca. Ahí la guerra es por el agua. En Medanitos, departamento de Tinogasta, los catamarqueños se pudieron firmes para defender el río Abaucán ante la amenaza de una empresa de utilizar en su favor el agua que pertenece a la comunidad.

También en Córdoba la gente se está poniendo irritable. No quieren ser más los basureros de la Argentina. La “Docta” es una de las cinco provincias argentinas que todavía hoy reciben residuos peligrosos. Con los vecinos de Bouwer a la cabeza, los cordobeses presentaron un proyecto de ley para impedir este ingreso. La gente no se queda callada.

Pero la pregunta es: ¿Qué les pasa a los funcionarios?. Actúan de una manera asombrosa de espaldas a la realidad. El discurso es una cosa y las acciones son otras. Un ejemplo es el exiguo presupuesto disponible para aplicar la Ley de Bosques. Una y otra vez los responsables hablan de la magnitud del genocidio natural que significó y significa el avance de la frontera agropecuaria sobre el bosque nativo. Son palabras echadas al viento. Cuando hay que aplicar el pensamiento a la realidad, algo se trastoca. Los discursos son una cosa, los negocios otra. No se arregla esto plantado arbolitos a diestra y siniestra con el beneplácito de parásitos internacionales que viajan y gastan dinero en nombre del medio ambiente. Lo debería saber el secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, Homero Bibiloni, quien apareció en infinidad de fotos con algún plantín en la mano. Es casi tan grotesco como las palabras del Defensor Adjunto de la Defensoría del Pueblo. Anselmo Sella, ignorando que lo que sucede en la Cuenca Matanza-Riachuelo es una emergencia ambiental. ¿Cuántos muertos, enfermos, desplazados deberá haber para que el funcionario considere esa posibilidad?. Es la gente la que sobra y molesta. Lo grotesco se torna dramático y deviene en tragedia.

En este ir y venir de excentricidades y verónicas, no sorprende que el director de Relaciones Institucionales y Gubernamentales de Monsanto en Argentina, Federico Ovejero, dijese que la compañía estaba en contra del monocultivo de la soja. El representante del mayor envenenador de Latinoamérica a través del glifosato y otros tantos herbicidas, se puso la piel de cordero. Hay que estar alertas.

 

Palabras clave:  massa - colony park - das neves - medanitos - catamarca - cordoba - residuos - taym - bibiloni - monsanto
 

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