LA SEMANA QUE SE VA PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Domingo, 18 de Octubre de 2009 10:59



Argentina paga los salarios más altos del mudo. El ex vicepresidente de los Estados Unidos y actual gurú medioambiental planetario, Al Gore, puede dar fe de ese dato de la realidad. Su presentación en la provincia de San Luis durante su raíd criollo puede ser una muestra de esa reveladora generosidad nacional. Sin más esfuerzo que repetir una serie de consignas, datos y estadísticas que se pueden obtener a módicos precios en cualquier video club que tenga en sus anaqueles la versión traducida de “Una Verdad Incómoda”, Al Gore ganó más de 8 mil pesos por minuto, sin contar gastos de alojamiento, comida y traslados y cobro por merchandising (fotografías sonrientes incluidas) . En sólo 1 hora y 45 minutos que duró su exposición embolsó 250 mil dólares. No es poco. No se sabe cuanto habrá cobrado en sus otras exposiciones, pero todos saben que en la Capital Federal los sueldos son un poco más elevados que e el resto del país. Nada mal para unas pocas jornadas de trabajo. Un power point carísimo.


En las calles, en las poblaciones que sufren la explotación  minera a pocos metros de sus hogares, en aquellos sobrevivientes de las cuencas contaminadas, en las casas que día a día son envenenadas por herbicidas y agrotóxicos, la gente común no se enteró ni de la visita ni de la escandalosa cifra que valió la foto con el hombre que está de moda.

Fue bueno sí para ver reaparecer un sinfín de figurillas que poco tienen que ver con el cuidado ambiental. Son más bien rostros de canapés frívolos y negocios turbios mezclados con personajes del jet set vernáculo y Organizaciones No Gubernamentales de dudosa existencia y objetivo.

Lejos del circo estrafalario, el país real que apenas sobrevive hasta fin de mes con su escasa renta, sigue su curso. Y lucha. Lo hacen, por ejemplo, los vecinos de la localidad de San Martín, en el norte de la provincia de Santa Fe, que cansados de ser fumigados con agrotóxicos pidieron a la comuna que delimite una zona de resguardo ambiental que se acomode al principio de precaución.    

O como los legisladores de ese mismo territorio provincial que aprobaron un proyecto de ley que regula el manejo de esos agrotóxicos. Lejos de sus pares de otras provincias y del propio estado Nacional, los santafecinos no quieren que los envenenen más. La medida aprobada recorre todo el camino de los agrotóxicos; desde su fabricación, pasando por el almacenamiento, el transporte y la disposición final.

Lo hacen también los concejales de San isidro, que con plausible unanimidad sacaron una resolución que investiga y pide información sobre los megaproyectos inmobiliarios que se planean –y se ejecutan ilegalmente- en el Delta.

A todo esto se suma el reciente fallo de la Corte Suprema que ratifica la decisión de su émula provincial, en Corrientes, para que se destruya el terraplén que la Forestal Andina desplegó sobre el Iberá. Los síntomas de justicia ambiental que aparecen en varios ámbitos de la vida nacional no necesitan de esos figurones acartonados venidos para decirnos a todos los habitantes del planeta como nos vamos a morir mientras cobran inmorales cifras que si se destinaran al necesitado directo, solucionarían algunos serios problemas que trascienden las reuniones protocolares y aduladoras de los cómplices locales.

Si disfrazarse de verde significa transferir recursos inmanejables para el común de la gente a una figura del estelar escenario internacional –o local, no importa-, no le sirve al pueblo, al que sufre, al que verdaderamente se le envenena y se le condena de por vida.

Pero nada es tan trágico y siempre hay un vaso a medio llenar. No nos podemos quejar. Por lo menos estamos mejor que los habitantes de la ciudad peruana de Oroya, la más contaminada del mundo. Por supuesto, el séquito de Al Gore no se dará una vuelta por ahí. Seguro que no tienen el dinero suficiente para que el gurú se moleste en llevar su librito bajo el brazo.

 

 

Palabras clave:  al gore - mineria - agrotoxicos - santa fe - agrotoxicos - san isidro
 

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