¡Las vacas son nuestras, pirata Stern! PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Viernes, 30 de Octubre de 2009 10:26


¿Quien se imagina dejar de comer un rico costillar, o un jugoso asado de tira?, o ¿cambiar un lomito por una hoja de radicheta, un chorizo por una zanahoria cruda, o un sabroso pedazo de vacío por tres rabanitos y una remolacha?. Una locura, o más bien, una posición antiargentina, antinacional, antipopular, gorila y xenófoba. Las vacas son sagradas!, pero más lo son cuando descansan sobre unas brasas bien desparramadas con un vasito de vino preparado para el asador.

No podía ser de otra manera: quien tuvo la primitiva y aburrida idea de alimentarnos con hojitas verdes y verduritas del mas variado estilo fue un pirata, un usurpador de las Malvinas y, vade retro!, un ex funcionario del Banco Mundial. Nicholas Stern, autoproclamado gurú económico del Medio Ambiente quiere convertir al mundo en una gigantesca India, donde las vacas caminen entre nosotros sin poder tocarles un pelo.

Desde su cómoda Gran Bretaña, este enemigo del ser nacional dijo, sin ruborizarse, que en un futuro comer carne "se volverá algo inaceptable, como conducir ebrio". Primero vinieron por los fumadores, después por los consumidores de lamparitas comunes, ahora por las vacas, mañana; ¿quién será la víctima?. El fundamentalismo avanza como una topadora (con perdón!). Stern, a no dudarlo, debe ser declarado persona no grata. Estarán muy contentos los productores de agroquímicos del mundo. Monsanto debe haberle enviado un hermoso regalo, algo así como una vaca de cristal de murano, que si se sigue el razonamiento del pirata inglés, será una reliquia, un recuerdo de tiempos mejores.

Es, además, un antisocial, un enemigo de la clase trabajadora. Los obreros de la construcción abandonarán esa vieja y saludable costumbre de llenar nuestros mediodías de aromas deliciosos. Los mozos no harán más esa pregunta inconfundible y tan nuestra de ¿juegoso o cocido? para cambiarla por una estúpida ¿hojas verdes o pepinos?. Caerán en el olvido nuestras grandes, famosas y tradicionales parrillas ruteras. Stern quiere exterminar el ser argentino (también el de nuestros hermanos uruguayos).

Dicen las malas lenguas que mientras Stern hacía estas declaraciones al periódico inglés The Times, tenía escondido bajo el escritorio un grasoso, crujiente y jugoso choripán. Apelamos desde esta columna a la “Rebelión de las vacas”, Que lo pisen!, por el honor de nuestros gauchos, por la sana costumbre de reunir a nuestros amigos alrededor de la parrilla, por las propias vacas y su derecho a ser saboreadas, disfrutadas, deseadas. Que Stern se vaya a comer verduritas al parque y nos deje el orgullo de comer nuestras vacas. Que se termine el mundo, pero que nadie nos quite el placer de una buena parrillada. Si esto es lo que hay que hacer para evitar el cambio climático, bienvenidos los tsunamis, sequias, huracanes, lluvias torrenciales y demás catástrofes permanentemente anunciadas. Y vos, Stern, ¡andá a comer a los yuyos!.

 
Palabras clave:  cambio climatico - stern
 

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