LOS FERNANDEZ NO SON IGUALES PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Martes, 03 de Noviembre de 2009 10:46


Los une el bigote, la pasión futbolera y ser y haber sido –cada uno en su momento-, los hombres más poderosos del gobierno, después del matrimonio K, por supuesto. Pero no son iguales. Tal vez, se trate de una cuestión de piernas depiladas, aunque el gusto está en duda. Ninguno de los involucrados que perjudicaron a los Fernández es digno de mención por sus atributos físicos. Una, por siempre despeinada y desarreglada onda hippie de los 70; el otro, amante de los colgantes dorados en cuello y muñecas y de las camisas abiertas hasta el tercer botón. Los dos trabajaron –uno aún lo hace- bajo la órbita de la Jefatura de Gabinete y de ahí deviene la conexión con los Fernández. Es que Romina Picolotti y Homero Bibiloni sólo compartieron eso, y el haber estado –y aún estarlo, por ahora- al frente de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación.

Ambos pusieron a los Fernández en un brete. Alberto salió decidido a comerse a los detractores de Romina, aunque era una causa perdida, como bien sabía. Pero era pollo de su gallinero. Todavía repercute en la retina la furiosa defensa de su niña mimada.

Aníbal, en cambio, mira de reojo como su subordinado se desbarranca hacia la nada. Ni una palabra de aliento, ni un murmullo, apenas unos empujoncitos para que la caida sea mas rápida.

Tanto Romina como Homero trajeron un dolor de cabeza parecido a los Fernández. Las similitudes son pura coincidencia. Romina contaba con el ArgentInta; Homero con la ACUMAR. Tropezaron con la misma causa por el Riachuelo –la espada de Damocles de toda administración ambiental nacional- y les tocó el mismo Juez. El varias veces intimidador y finalmente –¡ay Homero!- multador, Luis Armella. Romina tenía a Alberto como el padrino, Homero no tiene a Aníbal, ni tiene a nadie. Ya no hace falta ningún Savoia que limpie este embrollo. Pompas de jabón para la secretaría.

Los Fernández no son iguales. Picolotti tuvo tiempo de ver a Alberto irse por la puerta de atrás de la Casa de Gobierno para nunca más volver. Homero no tendrá esa suerte. Desde su casa de La Plata, verá como Aníbal sigue acumulando poder. Recordará que le quitaron la firma, el dinero, la gente y finalmente el puesto. Algo lo va a unir a su odiada antecesora en el sillón de la calle San Martín al 400; la sombra de la justicia por no haber cumplido con el saneamiento de la cuenca más putrefacta de América Latina y una de las más contaminadas del mundo. Romina todavía tendrá que dar muchas explicaciones, empezando por la actuación de los suyos en su propia provincia y por el actuar propio en el Estado Nacional. Ya no estará Alberto para defenderla a capa y espada, pero probablemente será el otro Fernández, Aníbal, el que hunda su pulgar sobre  su cabeza. Al fin y al cabo, los Fernández no son iguales.
Palabras clave:  anibal fernandez - alberto fernandez - picolotti - bibiloni - armella
 

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