Los eternos tiempos argentinos…sin castigo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Jueves, 05 de Noviembre de 2009 10:07


Es un pequeño muro. Apenas unos cuantos ladrillos, un poco de cemento, algo de estructura metálica, y listo. Apenas unos metros. La obra, ínfima, no se realizó. Tuvieron casi un año para construirla. El juez los multó, o por lo menos, amago con hacerlo. Rápidamente se pusieron manos a la obra. Habrán puesto un ladrillo, o quizás dos, lo suficiente como para que el magistrado Luis Armella considerara que no debían pagar por ese incumplimiento. Total, a quien le importa la salud de millones de personas pobres. A nadie. Es la argentina injusta. Seguramente el Juez se basó en otros ejemplos históricos de incumplimientos nacionales y de largas esperas. Al final, Dios es argentino y lo que deba suceder, sucederá, aunque se trate de una eterna espera. Habría que ver cuantos niños, personas mayores, trabajadores, amas de casa y muchos más  se enferman en cada segundo, cada minuto, cada día, cada mes en que se tarda en hacer una obra como estas. Mínima.
Indudablemente es un problema meramente argentino. No es la muralla china. Claro, los orientales tardaron 1.500 años en hacer su trabajo, dirán algunos funcionarios inescrupulosos. Es cierto, tardaron 11 siglos en hacer una muralla indestructible de 6.500 kilómetros de longitud. No tenían ni tecnologías modernas, ni ninguno de los elementos actuales que pudieran haber apresurado la obra. ¿Cuánto hubiesen tardado los argentinos en construirla?. Nunca se hubiera terminado y posiblemente un juez se hubiese hartado de enviar intimidaciones de nulo cumplimiento. Tampoco hubieran prosperado virtuales amenazas de multas. El país de nadie paga y nadie cobra esta en el sur del mundo.

Otro ejemplo más cercano puede resultar más provechoso. Los 45 kilómetros del muro de Berlín se realizaron en…¡una noche!. Si, exacto. Cuando se ocultó el sol en la noche del 12 de agosto de 1961, los berlineses se fueron a dormir con una calle despejada y libre. Apenas unas horas después, en la madrugada del 13, se había levantado un muro con todas las de la ley.

Dicen que en la muralla china murieron casi medio millón de personas. En la de Berlín los centenares de muertos fueron por tratar de escapar hacia el otro lado. En Argentina, en la vergüenza profunda que es el Riachuelo, los condenados a muerte son millones (entre 3 y 5). Quizás en los libros de historia del futuro la Cuenca del Riachuelo figure como el mayor genocidio realizado por los gobiernos de un país hacia su propio pueblo. El estado en su conjunto –ejecutivo, legislativo y judicial- serán los cómplices verdugos de la gente. La esperanza que los culpables de tamaña negligencia cumplieran, mas no sea, con una multa por sus hechos, se esfumó de la noche a la mañana. Un tiempo mucho más rápido del que se toman para la construcción de un pequeño muro. Mientras tanto, la gente muere olvidada.
Palabras clave:  bibiloni - armella - acumar
 

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