| EL BOSQUE ES MIO!!! |
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| Escrito por Redacción |
| Jueves, 05 de Noviembre de 2009 13:31 |
![]() Si hay algo que reconocerle a los activistas ambientales, es su particular olfato para encontrar o inventar negocios que parezcan luchas épicas en defensa de la naturaleza. Pueden criticar con furia y negociar por detrás. Todo vale. La imaginación al poder, gritaban los estudiantes franceses en aquella gesta anarco burguesa del 68. Alumnos aplicados de esas jornadas –la imagen del pretérito revolucionario y actual eurodiputado verde Cohen Bendit, es solo un ejemplo de estos ambientalistas modernos- los chicos de las ONGs son auténticos empresarios de fondos buitres. En esta tierra de experimentos continuos que es la Argentina, encontraron el terreno fértil para hacer prosperar sus negocios e iniciativas que siempre les dejan un rédito económico considerable para el estándar de cabotaje de nuestro país. Una de las últimas “invenciones” de esta gente es una maravilla tal, que hasta fue bendecida por el magnate benefactor, Douglas Tompkins. Se trata, ni más ni menos, que hacer que los otros le compren a un representante de esta elite ambiental, un campo de bosques nativos de casi mil hectáreas. Esto funciona de esta manera: los donantes –aquellos que limpian su conciencia aportando sus monedas a causas verdes- compran “simbólicamente” una hectárea, o lo que de, y la entregan voluntariamente a una nueva organización –otra más- que se dedicará a cuidarla y protegerla, realizando en su interior emprendimientos “sustentables”. La idea es llegar a las mil hectáreas. Nada mal. Casi un pequeño terrateniente. El inspirador de esta idea es el conocido activista Emiliano Ezcurra. Ex Greenpeace, colaborador de otras tantas organizaciones, Emiliano es un buen tipo, vehemente y convencido de lo que dice. No escapa, eso si, a la media de los activistas argentinos. Actúa también de forma corporativa. Rechaza, así, cualquier crítica que se le pueda hacer a las organizaciones que el ha integrado. “Soy un Greenpeace por siempre”, dice, aunque ya no lo es en los papeles. En la escuela de la transnacional verde, Emiliano aprendió todos los vericuetos del negocio, tanto, que hasta se llevó –o se llevará- a los donantes de sus viejos socios. Ahora, si todo le sale bien, Emiliano será dueño de unos hermosos campos alfombrados de árboles nativos en la verde Corrientes, algo casi imposible para cualquier ciudadano común que vive de su magro salario. Quizás hasta sea el futuro Tompinks vernáculo. Buenas noticias para sus socios de la UICN local, que integran entre otros los amigos de Parques Nacionales y la Secretaría de Ambiente. Mientras crece su futuro emprendimiento, seguirá repartiendo certificación forestal a empresas tan amigables con el medio ambiente como Alto Paraná. La Biblia y el calefón ecologista nos demuestra que en argentina, la movilidad social es una política de estado acompañada por la sociedad civil. Congratulaciones para la nueva burguesía conservacionista. |




