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Escrito por Redacción
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Viernes, 06 de Noviembre de 2009 15:48 |

Las verdades absolutas caen como frutos maduros. Campañas que cuestan un dineral; parafernalia; pitos y flautas y el acostumbrado fundamentalismo patético. La maldita bombita, como llamaron en su campaña número no se sabe cuanto –tantas y tan inútiles que no vale la pena contabilizarlas- no era la que denostaban, sino, la que recomendaban. Un sano consejo: si ellos van para aquel lado, hay que dar media vuelta e ir para el otro. Los chicos de la multinacional verde se volvieron a equivocar, aunque nunca lo van a admitir. Resulta que las famosas lamparitas bajo consumo –que en una de sus famosas y tan rutilantes acciones cambiaron de los edificios públicos- son una bomba de tiempo, o más bien, una bomba. Que lo diga el diputado socialista Héctor Polino –el mismo que iba a secretario de Ambiente ungido por Alberto Fernández hasta que el Partido le bajo el pulgar- que a principios de marzo sufrió la explosión de una de estas maravillas bajo consumo, china, por supuesto. Las consecuencias; una espesa cortina de humo, un ruido de sacudida y lo que ignoraron -¿será así?- lo chicos verdes es que contienen mercurio. Polino, después de esta experiencia religiosa, algo debería decir; si es que se toma en serio su cargo de representante legal de Consumidores Libres. Su lamparita que pasó a mejor vida debería haber durado 6 mil horas. Apenas sobrevivió 240.
Estas maravillas tecnológicas que tanto han preocupado a los amigos de la multinacional envenenan a la gente. 50 millones de lamparitas producen 250 kilos de mercurio. Habrá que ver que opina una ex Greenpeace, Verónica Odriozola, hoy devenida en activista contra el mercurio.
Las lamparitas bajo consumo –un gran negocio de los chinos- están bajo la lupa de varias dependencias oficiales de países serios. Por ejemplo, el Department for Environment, Food and Rural Affairs encargado de la protección ambiental en el Reino Unido, alertó que en caso de explosión –lo que parece algo más común de lo que se piensa-, hay que “desocupar la habitación y ventilarla durante al menos 15 minutos. No usar una aspiradora. Limpiar utilizando guantes de goma y evitar la creación e inhalación de polvo del aire. Recoger todas las partículas y fragmentos de vidrio y colocarlos en una bolsa de plástico. Limpiar el área con un paño húmedo y a continuación ponerlo en una bolsa y sellarla. La bolsa no se debe tirar a la basura. Todos los ayuntamientos tienen la obligación de disponer de las medidas necesarias para la eliminación de los residuos peligrosos”. Es casi como tratar con elementos radioactivo.
En tanto, la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) y el informe Shedding Light on Mercury Risks from CFL Breakage - The Mercury Policy Project “demostró que en caso de rotura (…) las concentraciones de mercurio en la habitación donde una lámpara se rompe permanecen elevadas. El mercurio se adhiere a todo tipo de fibras textiles -alfombras, cortinas, ropa, etc.- que después pueden desprender vapores de mercurio durante mucho tiempo”.
“El mercurio puede permanecer por mucho tiempo en la atmósfera antes de depositarse (…) Ocasiona una amplia gama de efectos sistémicos en humanos (riñones hígado, estómago, intestinos, pulmones y una especial sensibilidad del sistema nervioso), aunque varían con la forma química. Los microorganismos convierten el mercurio inorgánico en metilmercurio, una forma química muy tóxica, persistente y bio, acumulable y que, además, se absorbe fácilmente en el tracto gastrointestinal humano”, se agregó.
Una vez realizada la campaña, los chicos de Greenpeace se olvidaron del tema y ahora van por el carbón de Río Turbio. Son como aquellos que barren y tiran la basura debajo de la alfombra. No les importó si había estudios de impacto ambiental, que por supuesto no hubo. Así lo confirmó el propio Instituto Nacional de Tecnología Industrial, al declarar este año que “no ha realizado estudios específicos sobre impacto ambiental ni de disposición final luego del uso de las lámparas fluorescentes compactas con balasto electrónico incorporado, conocidas como lámparas de bajo consumo”.
También reconoció esta falta la Dirección Nacional de Control Ambiental y Subsecretaría de Control y Fiscalización Ambiental y Prevención de la Contaminación “Esta no tiene conocimiento de la realización de tales estudios de impactos ambientales por parte de este organismo ni de otros.(…) La dificultad se presenta a la hora del descarte, dado que deben ser gestionadas como residuos peligrosos debido a su contenido en mercurio y otros metales”.
Argentina es blanco fácil para que estas organizaciones jueguen a prueba y error de sus fantasiosas aspiraciones. Más proclives a convertirse en artistas circenses que en verdaderos defensores del derecho de la gente a la salud y un ambiente sano, no son capaces de hacer lo mismo en los países desarrollados. Ahora que se acerca navidad, ¿imagina usted en Europa las luces parisinas de la festividad con lámparas bajo consumo? ¿ o el palacio de Buckingham en la madre patria de Greenpeace iluminado por estos artefactos mayoritariamente chinos?. Claro que no, mejor es jugar con estos atrasados del sur donde todo es posible, hasta que estos hagan sus tonterias.
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