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Dos caras de la misma moneda. Fracasos, contubernios, extrañas alianzas, negocios y negociaciones, todo junto y listo para consumir. En ese universo conviven el sector público y las multinacionales verdes disfrazada. Unos y otros forman parte de lo mismo. Fuera y muy lejos, la gente. Socios y contendientes. No entiendo. Como decíamos desde este medio, nos hacen sufrir una suerte de síndrome de supermercadista chino. Muchos no entiendo para cuestiones que deberían ser claras y transparentes. No lo son, por supuesto. Pero mejor ir por partes.
A la vista de los magros resultados en materia ambiental, la gestión del secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Homero Bibiloni, ha fracasado. Todos lo saben, hasta él mismo. El poder se le esfumó en un santiamén. Sin presupuesto, sin política y hasta sin firma, Bibiloni pende de un hilo tan fino que con solo soplar, se rompe. Y hay muchos mofletes inflados listos a dejar el escapar el aire condenatorio.
Pese a los perdones judiciales, las fichas siguen cayendo del tablero político municipal a causa de los incumplimientos en las obras para sanear la Cuenca Matanza-Riachuelo. Las caídas se producen cada vez más cerca de la órbita nacional y nadie quiere quedar enganchado al carrito de la desgracia. Primero fue el intendente de Lomas de Zamora, Jorge Rossi, y después el secretario de Obras Públicas de Lanús, Gerardo López Arroyo. Nadie esta dispuesto a seguir permitiendo esta sangría en una zona tan sensible al peronismo como es el cordón del conurbano bonaerense. Ahí donde el propio Bibiloni tenía su base. Muchos menos dispuesto está el jefe de los jefes, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, quien negó poner el gancho para que su subordinado –Bibiloni- fuera a San Pablo a cometer otro desatino; disertar en esa ciudad brasileña acerca de: “Ambiente, política y administración. El Plan de Saneamiento de la Cuenca Matanza Riachuelo: una visión integradora para una gestión viable”. La brújula política de Homero se hizo trizas.
Su figura está tan deteriorada, que nadie se priva de hacer un comentario sobre su cargo. “Hay un señor sentado en la calle San Martín a quien nadie le presta demasiada atención, por el contrario, lo maltratan los jueces”, dijo esta semana el embajador, Raúl Estrada Oyuela, ante un nutrido y heterogéneo grupo de personas de todos los ámbitos. O el propio Juez Armella –el maltratador- que en ocasión de enterarse del frustrado viaje paulista dijo: "Me llama poderosamente la atención. Estamos muy lejos de decir que el proceso es un éxito. Considero que el secretario debería estar en lugares de la cuenca en donde tiene mucho que hacer". No es tan malo Armella; le perdonó la deuda.
Las patéticas acciones de la gestión se trasladan más allá de las fronteras. En La Haya, los argumentos argentinos sobre la contaminación del sábalo por culpa de Botnia no puede menos que llamar a la risa, si no fuera por el gravísimo problema local e internacional que genera ese conflicto permanente. Todavía puede Bibiloni participar de los anuncios de la más alta jerarquía nacional, como fue la inversión de 100 millones de pesos que el gobierno nacional hizo al Proyecto de Bosques Experimentales. La pompa no dejó ocultar lo que todos sabían; la flamante ley de bosques nació con mucho menos dinero del prometido (unos 500 millones que no están). Cuestiones de mala suerte o de imagen, fue el único anuncio de la serie que se hicieron desde el gobierno que no mereció la cadena oficial. No puede, eso sí, justificar como en Santiago del Estero –una de las únicas tres provincias que ha “cumplido” con al ley- todavía se esté deforestando.
Por supuesto, quienes salieron a criticar esto fueron las multinacionales verdes, socias de la Secretaria en la versión local de la Unión por la Naturaleza (UICN, en sus siglas en inglés). Ese cambalache ambiental pone en tela de juicio la imparcialidad de estas organizaciones. Al final, todo tiene un tufillo a negociado. Amigos en las buenas y en las malas. Una promiscua relación en la que la burocratización está a la orden del día. Ambientalistas devenidos en funcionarios y viceversa. Hurgar en el legajo de cada una de ellas depararía más de una sorpresa. Tanto dinero en campañas, acciones, parafernalia, y la gente tan lejos. Conquistas pírricas y sin sustento científico. Las lamparitas de bajo consumo, una de las batallas por las que Greenpeace luchó a brazo partido, parece no ser la maravilla que era. Bajamos el consumo y nos contaminamos con mercurio. Pero no importa, ya es historia pasada. La Multinacional verde no toma nota de sus errores y va por otro tema, tan tirado de los pelos como el anterior. Ellos ya hicieron su trabajo.
En un momento en que la sequía hace estragos en casi todo el territorio nacional; donde los habitantes del Matanza- Riachuelo son dejados a su suerte –como en otras tantas cuencas-; donde los bosques siguen sufriendo la depredación; donde se envenena a la gente con agroquímicos en nombre de un proceso productivo deficitario en términos humanos y económicos; los discursos y acciones oficiales y de los activistas verdes siguen siendo extraterrestres. Soldaditos con trajes desteñidos; funcionarios atados a la silla. Mejor es ir hoy a la gran remada por el Riachuelo y estar con la gente que sufre y con las organizaciones que si hacen algo para solucionar el problema. Lo demás, son espejitos de colores.
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