| La semana que se va |
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| Escrito por Redacción |
| Domingo, 29 de Noviembre de 2009 12:13 |
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Romina es más Cenicienta que nunca. Y lo que es peor, no habrá zapato de cristal que le salve de su destino tribunalicio. Tampoco la salvarán los viáticos imprecisos, rulemanes, autopartes, estacionamiento, la compra de un reloj despertador, ochenta remeras, buzos, 4500 paquetes de regalo, carteles, folletos, 5500 escarapelas, mil plantas aromáticas, una animación artística, publicidad, servicios de audio, sidras, nueces, turrones, vinos, tintorería, lavautos, que contrató y compró con el dinero que nunca pudo justificar de forma lícita. La indagatoria a la que se deberá presentar entre el 10 y el 15 de diciembre, según lo ordenado por la jueza Servini de Cubría, es el comienzo de un largo camino lleno de explicaciones. No habrá ninguna mano del poder tendida sobre la ex funcionaria. Quizás ahora, el egoísmo de los asambleístas de Gualeguaychú -que alabaron hasta el cansancio a la secretaria porque se ocupaba de su caso, y no decían nada sobre el desastre de la gestión- disminuya ante la evidencia de la realidad. De nada servirá el sospechoso tardío argumento de que era amenazada por la minería. Pero como en todo buen cuento de hadas, este también tiene un final feliz. Todos los delitos que se le imputan: malversación de fondos, violación de sus deberes como funcionarios públicos, defraudación y fraude en perjuicio de la administración pública, son excarcelables. En la Argentina donde el poder político hace leyes para salvaguardarse, malversar el dinero de la gente no tiene el castigo que corresponde. Romina podrá volver a caminar por el Parque Sarmiento con sus camisolas y sus rulos movidos por la suave brisa cordobesa, y suspirar soñando con el Rapto de las Sabinas. El papel de la madrastra mala parece que ha sido reservado a la organización Greenpeace. Por lo menos es lo que hicieron trascender los wichis de la comunidad Salim 2 y Salim 3, del departamento San Martín, en Salta. Se llamaron asimismos “rehenes de Greenpeace” y de otras dos organizaciones: Asociana (de la iglesia anglicana) y Fundapaz (cercana a la católica). La madrastra no quiere que esos hijos adoptivos progresen. Los integrantes de esas comunidades quieren sacar maderas para sus casas y trabajar en la industria. Como un ayatolá, la organización no quiere que se toque un árbol de lo contrario, será condenado por la sharia ambiental. Los aborígenes hicieron la denuncia ante el Instituto Nacional Contra la Discriminación (INADI), delegación Salta. La delegada de María José Libertino en esa provincia, Verónica Spaventa, dijo que hasta tanto hagan una presentación formal, no daría curso a la denuncia. No es muy sencillo recorrer kilómetros desde esas poblaciones pobres y abandonadas, y menos probar amenazas verbales. Sólo quieren ser ciudadanos argentinos normales, ni de segunda, ni de tercera, ni de cuarta. “Los ataques verbales reiterados durante todos estos años son proferidos por los encargados de estas instituciones, diciendo que nosotros, los aborígenes ignorantes y borrachos, somos los que destruimos el medio ambiente y que son ellos, las personas blancas, lo cuidan”, denunciaron los caciques de esas comunidades. La madrastra muestra sus garras. Mientras tanto, en la cosmopolita Buenos Aires, el secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Homero Bibiloni, vive su propio mundo onírico. A 10 días del comienzo de la XV Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP 15), que se desarrollará en Copenhague, el funcionario sorprendió a propios y extraños con una de sus célebres frases: “estamos descubriendo tardíamente que la contaminación afectó seriamente al planeta”. Para rematarla, Homero dijo que “contaminar siempre fue un buen negocio”. En su planeta los químicos envenenan a millones de personas en la Cuenca Matanza-Riachuelo al igual que el glifosato en los campos. La Argentina hexavalente gime su pesar mientras Homero deambula por sus sueños irreales. Una multitud le acompañará a Copenhague para presentar ningún plan. No es un mundo que nos conviene. Tendrá un amargo despertar si piensa en como van cayendo en derredor suyo otros funcionarios del área ambiental. El ministro de Ambiente y Espacio Público –de olvidable gestión- tiene sus segundos contados. Ahora podrá disfrutar de su hollywoodense mansión, lejos de los problemas del vulgo. Igual suerte corrió su par bonaerense, Ana Corbi, que ahora se dedicará al “asesoramiento”. Argentina quiere despertar de todos estos sueños y cuentos que son de otros, no son suyos. Son cuerpos extraños con objetivos en los que la gente común no cuenta para nada. Hacen falta muchos chalecos de fuerza para tanta locura.
Palabras clave: picolotti - juez - servini de cubria - greenpeace - fundapaz - inadi - cop 15 - bibiloni |




