| Copérnico,Newton y Einstein nunca revistaron en el CONICET |
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| Escrito por Guillermo Luis Luciano, Economista |
| Lunes, 30 de Noviembre de 2009 12:14 |
![]() El valioso sistema que administra el CONICET ha cobijado una importantísima nómina de profesionales que han hecho fantásticos aportes a nuestro desarrollo científico. Pero también, y esto hay que decirlo aunque irritemos a muchos, ha refugiado mediocres que han pasado su vida investigando la cuadratura del círculo, escalando una burocrática carrera de investigador, para conseguir emolumentos y zanjar los aspectos prosaicos de sus vidas. Esta no es una peculiaridad nuestra: para consuelo de tontos, pasa en todo el mundo. El problema es cuando los socios del club, se arrogan para sí, el control absoluto de la ciencia; entonces, invierten los valores y “pertenecer” se vuelve más importante que “ser”. El desarrollo científico, pasa a estar regulado por los administradores del paradigma científico vigente. Exactamente lo mismo que ocurrió durante la Edad Media, donde el control del conocimiento, lo ejercían los Tribunales del Santo Oficio. Hoy día, la ciencia esta financiada por empresas que utilizan descubrimientos y adelantos para ganar dinero. Entonces ocurre que la afilada garra de estas águilas impiadosas, ingresa en espacios que deberían estar fuera de sus influencias, como los sistemas de investigación financiados por el Estado. Aparecen los guardianes de la ortodoxia, reprimiendo quienes se atreven a desafiar los inquisidores, desacreditando investigaciones e investigadores, no por las cualidades de sus trabajos, sino porque reniegan de su pertenencia. Aquí van dos ejemplos: 1º. La presión ejercida sobre el Dr. Andrés Carrasco, director del Laboratorio de Embriología Molecular de la Facultad de Medicina –UBA-, quien, con fondos que el Estado asigna a su laboratorio (“si los hubiera pedido especialmente al CONICET, probablemente no me los habrían dado”, afirmó) demostró el daño que el glifosato ocasiona en los seres vivos. El alerta, que Carrasco efectuó para prevenir el problema, fue inmediatamente estigmatizado:…”“No puedo opinar sobre el estudio del doctor Carrasco, porque nunca leímos ese trabajo en una publicación científica revisada por pares”, señaló Guillermo Cal director ejecutivo de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE),…” El ministro de Ciencia, Lino Barañao, en un congreso de AAPRESID, sostuvo que “comunicar la información preliminar de una investigación científica en un medio masivo es poco ético”. 2º. El libelo con que el Ing. Feliz, de la UNLP, pretende descalificar las revelaciones efectuadas por el Dr. Juan Carlos Colombo, Director del Laboratorio de Química Ambiental y Biogeoquímica (LAQAB) , de la misma Universidad, cuando demuestra que BOTNIA esta utilizando Nonifenol. El Dr. Colombo, probablemente el científico argentino con mayor prestigio nacional e internacional en los temas de su competencia, denuncia la agresión ambiental, reservándose detalles hasta el dictamen del Tribunal de la Haya, dado que es asesor del gobierno argentino en el conflicto. El ingeniero Feliz, un provocador profesional, petulante y naiff, afiatadamente sintonizado con los intereses de las empresas celulósicas, cuyos aportes a la ciencia se desconocen, aunque no su insaciable apetito por un poco de fama, pretende descalificarlo. No logra su objetivo, aunque alcanza a revelarnos, con su impúdica verborragia su incondicional y fundacional pertenencia a la corriente epistemológica que acabamos de bautizar: Positivismo Estúpido. Ha transcurrido mucho tiempo desde que Karl Popper y sus seguidores establecieran las limitaciones del método científico, dejando fuera la soberbia y la petulancia de los ámbitos donde se debate la Filosofía de la Ciencia. Sin embargo cada tanto aparecen dinosaurios del tipo “ingenierous feliuz” que evidencian que en su paso por las aulas no pudieron adquirir conocimientos relevantes ni tampoco la virtud esencial de los verdaderos hombres de ciencia: Humildad. Que desde Sócrates en delante: “solo se que nada se”, han cultivado los grandes espíritus del saber humano. Autor:-Guillermo Luis Luciano, Economista |




