Criminalización de la Protesta: Aquellas madres, Estas madres PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Miércoles, 10 de Febrero de 2010 08:56

La historia es cíclica, y en Argentina esos ciclos son mucho más rápidos que en cualquier otro lugar. Hace no más de tres décadas, la criminalización de la protesta llegó a tal punto, que debieron salir las madres a pedir por sus hijos. Había un modelo –extractivo también en cierto sentido- y un plan para que  llegara a implementarse en todo lo largo y ancho del país.

Ahora también hay un modelo, y también un plan. Yo son otra vez las madres las que sufren el sistemático envenenamiento de sus hijos y de su tierra. El modelo está sustentado sobre fuertes pilares y grandes complicidades. Gobiernos, justicia, empresas (nacionales y foráneas), son el combo donde se sustenta este modelo. Hay voceros oficiales y oficiosos, como en caso del gobernador de San Juan, José Luis Gioja, quien oficia de tal para las empresas mineras.

Hay cómplices como el ministro de Ciencia  y Tecnología, Lino Barañao, que niegan los efectos devastadores de los agrotóxicos pese a los irrefutables argumentos científicos que dicen lo contrario. Hay complicidad también de los medios masivos de comunicación, que callan por ser socios de los que contaminan.

Del otro lado, un país se desmorona. Está invertebrado. Es carne de cañón para las empresas -por ejemplo mineras-, que lo diseccionan para hacer pequeñas naciones, con sus leyes, sus fuerzas de seguridad y su influencia en la justicia.

El plan es criminalizar a quien se opone a este modelo. Los ejemplos sobran. Las víctimas son hombres, mujeres y niños abandonados a la mano de Dios. Por lo general, pobres. El plan se repite. Las nuevas madres salen de a poco a gritar su angustia.

Andalgalá, Cafayate, Chilecito, Famatina, Loncopué, Vera, Santa Rosa de Calamuchita, los pueblos de Santa Fe, el Chaco, La Pampa y la lista sigue, desde la Puna hasta la Patagonia, pero no se trata solo de una lista. Es un cuadro pleno de historias personales. Es la aparición de enfermedades nuevas que amenazan la salud de los hijos de esas tierras. Es la injusticia. Es la desesperación.

Hay exterminio premeditado cuando se fumiga con glifosato u otros agrotóxicos a menos de 100 metros de las casa de la gente, o directamente sobre los lugares donde la gente adquiere su agua, como el caso de las arroceras del Chaco.

No es otra cosa que un genocidio a futuro el que se comete con la explotación minera a cielo abierto contaminando ríos, lagos, acuíferos, suelos y demás.

Ya no se trata de desarrollo, sino de muerte lenta y segura. Las madres comienzan a salir. Por eso, la represión recrudece. La historia se repite. Parece que algunos no aprendieron o no quisieron aprender.
Palabras clave:  mineria - genero
 

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