
Las diferencias con Bibiloni son notorias. Uno aferrado a su silla la otra renunciando el año pasado por diferencias en la política de ambiente. Los dos con ambiciones políticas. Ella a presidente, él a intendente de la ciudad de La Plata. Una reconocida por su tarea, Homero por saber que hace. Nada los iguala, slavo el de estar en veredas opuestas. Un gesto inusual que en Argentina extrañaría es la de la candidata del Partido Verde de Brasil, Marina Silva. La mujer además de haber renunciado a la cartera de ambiente del actual presidente basileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ahora se perfila como candidata sion asesores.
Silva dejó el Gobierno por desavenencias en materia ambiental con la que va a ser su rival en las presidenciales, la ministra de la Casa Civil, Dilma Rousseff, candidata propuesta por Lula. Su candidatura se presenta como la mayor novedad de las elecciones. Silva posee una importante personalidad y acaba de rechazar al jefe de imagen ya que no quiere ningún tipo de maquillaje, ni físico ni psicológico. Silva conoce la pobreza y llegó hasta donde llegó a fuerza de trabajo. "No queremos un jefe de imagen, porque no queremos que Marina pueda ser vendida como un producto", afirma el verde Alfredo Sirkis, uno de los coordinadores de la campaña. Y como Silva va a contar con poco tiempo de televisión gubernamental al ser apoyada sólo por el Partido Verde, en el que ingresó tras haber militado 30 años en el Partido de los Trabajadores (PT), sus seguidores insisten en transmitir la autenticidad y la integridad de su persona. Es una de las pocas personalidades políticas que no ha estado involucrada en ningún tipo de escándalo. En Brasil, el jefe de imagen de un candidato se considera fundamental. La asesoría del marqueteiro cuesta millones a los partidos. Lula tuvo en 2002 la ayuda del más famoso y caro del país, Duda Mendoza. Mendoza transformó a Lula, un sindicalista barbudo, vociferante y mal vestido, en un personaje elegante, con trajes de grandes estilistas y corbatas de diseño. Consiguió que Lula se presentara ante empresarios y banqueros sin dar miedo, y también surtió efecto la recomendación —que él siguió— de que dijera que nunca había sido de izquierdas, sino sólo sindicalista. La decisión del partido y de la candidata es a la vez arriesgada y de posibles efectos positivos en el electorado, cansado de políticos a los que a veces considera fruto más de sus jefes de imagen que de sus verdaderas personalidades. "Yo no necesito que me digan cómo tengo que sonreír ni abrazar a un niño", dice la ecologista. |