RIACHUELO: EL AGUA Y EL ACEITE PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Lunes, 17 de Mayo de 2010 10:25

La ACUMAR buscó en el banco de suplentes y eligió a uno de esos jugadores que nunca entran a la cancha para enviarlo al Primer Seminario de Defensorías del Pueblo y Medios de Comunicación. Con el equipo titular diezmado (por no decir, escondido), le tocó el turno al ignoto Gustavo Villa Uría –a la sazón, presidente del siempre cambiante Consejo Ejecutivo de la ACUMAR- salir a defender la indefendible gestión (¿gestión?) de ese organismo cuya cabeza visible e invisible es el secretario de Ambiente de la Nación, Homero Bibiloni.

Después de derrama un par de lágrimas por la falta de presupuesto, Villa Uría sacó pecho y dijo que de las “2.000 industrias que se han inspeccionado en la cuenca, sólo fueron sancionadas dos”. Poco para un universo de más de 10.000 mil de estas industrias que se encuentran en la malograda cuenca. Como dato reconoció que había sólo 26 inspectores para tamaña tarea (20 de la ACUMAR y 2 por cada una de las jurisdicciones: Nación, Provincia y Ciudad de Buenos Aires), por lo que cálculos más que optimistas ubican la inspección total para las celebraciones del próximo tricentenario.

Ante pelotazos de uno y otro lado, Villa Uría dijo que para solucionar el tema del Riachuelo debían comprometerse los seis millones de habitantes que sufren a los costados de la cuenca. Y sorprendió cuando dijo que las gotas de aceite que dejan los automóviles que circulan por el lugar deberían ser analizados como factores de contaminación. “No podemos decir que llegamos a un punto de inflexión, pero estamos llegando a indicadores que marcan algunas mejoras”, disparó ante la mueca risueña de los numerosos asistentes.

Estas aseveraciones de los “chicos de Bibiloni” no pueden otra cosa que dejar atónitos a todos los interesados para que esta vergonzosa situación en que se encuentra la cuenca más contaminada del país pase a mejores condiciones. Mientras Bibiloni se esconda al diálogo y envíe a subalternos que no saben ni cuántas industrias hay en la cuenca, difícil será el camino hacia la recomposición de ese ambiente degradado.

Probablemente, la solución esté en contratar a miles de inspectores de coches que se instalen a la vera de los caminos que rodean al Riachuelo para terminar con el flagelo. En el fabuloso mundo Bibiloni, el absurdo cotiza en alza.

 
Palabras clave:  bibiloni - acumar - riachuelo
 

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