Cristina obligó a Greenpeace a salir de su oficialismo

En su retorno de la cirugía que la tuvo alejada de la actividad presidencial, la primera mandataria Cristina efectuó un discurso en el que, entre varios temas, se dedicó a apalear a los ambientalistas por lo que ella cree una no casual omisión en sus críticas al Reino Unido respecto de los intereses y acciones degradantes para el ambiente en las islas Malvinas.
Naturalmente, la presidenta no vinculó sus críticas a las ONGs con los episodios de Famatina, aunque se sabe de su molestia por lo que considera un típico fundamentalismo de oposición a una actividad productiva, al que responde con un fundamentalismo de otro signo a identificar el conflicto ambiental con un escollo al progreso. Pero es probable que en su discurso subyaciera esa sensación al cuestionar a las ONGs que se lamentan por las ballenas pero no defienden al país “en las otras cosas que se están llevando”, en clara alusión al petróleo.
Cristina indicó además que en Malvinas se "están depredando nuestros recursos naturales" y se refirió a la explotación petrolera y pesquera en la zona. Afirmó que le gustaría que eso se defienda "con la misma fuerza que defienden causas nobles", y agregó: "No escuché a ninguna ONG ambientalista criticar lo que se hace en Malvinas".


Hay una parte de verdad en la queja: las ONGs, en términos generales, distan de plantearse con rigor los efectos del capitalismo sobre los recursos naturales y, salvo muy honrosas y desconocidas excepciones, tienen tremendas dificultades para salir de lo testimonial. Pero hay otro aspecto que la presidenta parece esconder, que es la responsabilidad del gobierno que encabeza en la defensa del patrimonio natural de la Argentina. En ese sentido, la extranjerización del petróleo, la ausencia de una empresa estatal que funcione como testigo e impulse la exploración, y claramente la autorización explícita para el saqueo de los recursos mineros no obran como buenos antecedentes a favor de los ocho años de kirchnerismo. Greenpeace se sintió aludida por el discurso de la presidenta y salió a criticar al gobierno por lo que considera lo más pobre de su gestión: “La política ambiental ha 4brillado casi por su ausencia”, sostuvo  Eugenia Testa, directora política de la ONG.
La defensa parece interesante, aunque llama la atención su obsceno oportunismo: aún en una exhaustiva recorrida a las declaraciones oficiales del Greenpeace en ocho años de kirchnerismo, no se lee jamás una condena a la “ausencia” de política ambiental y ni siquiera algún cuestionamiento al nombramiento de una catarata de no idóneos al frente del organismo ambiental. Por el contrario, se destila cierto grado de complacencia con los trazos gruesos del oficialismo, toda vez que la mayoría de las críticas caen en las administraciones opositoras, en general
consideradas “de derecha” por la ONG de las ballenas. Puede hilarse algo más fino aún si se recuerda que quien fuera el antecesor de Testa durante siete de los ocho años de kirchnerismo, Juan Carlos Villalonga, salió de Greenpeace para formar parte de una agrupación (“Los Verdes”) claramente asociada a varias vertientes del oficialismo y, en particular, cercana al senador Daniel Filmus, en cuya campaña participaron.