| Segregados en Casablanca |
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| Escrito por Redacción |
| Jueves, 30 de Septiembre de 2010 21:46 |
![]() En la plaza estaba la progresía variopinta, pero faltaban los chicos de la multinacional verde. Algunos de los asistentes se preguntaban sobre lo ilógico de la situación, otros, en cambio, no podían ocultar su satisfacción. A pocas cuadras de donde se entremezclaban anarquistas, mapuches, ecologistas de las más diversas regiones, seguidores del grupo La Pastilla del Abuelo y asesores políticos, entre tantos otros, los chicos Greenpeace hacían conciliábulo en la confitería Casablanca, en la esquina de Rodríguez Peña y Rivadavia. Un detalle: es el lugar elegido por los legisladores para rumiar negociaciones ocultas, además de un conocido sitio de trampa. Villalonga y sus muchachos, acompañados por integrantes de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), hablaban café de por medio como exiliados en su propio país. La imagen no está lejos de la realidad. Los verdes clase media acomodada tenían la entrada prohibida en la plaza que enfrenta al Congreso de la Nación.
“No los queremos acá”, dijo al pasar un militante ecologista que bien podría pasar por un progre de los 70 o su mutación ochentista en psicobolche. Pelito largo atado con gomita, morral al hombro y camisas hipoideas, todo un uniforme. Se refería a los Greenpeace, claro. Es que los chicos de Villalonga tuvieron que guardar su glaciar trucho y conformarse con un cafecito en las oscuridades de Casablanca. A dos cuadras de ahí, los altavoces hacían escuchar los gritos y discursos encendidos de los hombres de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC). Los micrófonos estaban lejos de los labios villalonguistas (tan propicios a meterse ante cuanta cámara pasa por delante de sus narices). Los grupos ecologistas están enfrentados. Ni los glaciares los unen. Mucho habrá hecho Greenpeace para ser despreciado por sus ex amigos. En la madrugada, todos festejaron. La ley era un hecho cierto –aunque ahora habrá que esperar que lluevan medidas cautelares de todos los colores-, pero los chicos seguían separados. La próxima medida a pedir a los legisladores deberá ser la unión civil entre pares ambientalistas. Mientras tanto, los verdes ricos y los verdes pobres se juntan a varios metros de distancia y se miran con desconfianza. |




