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Por Alejandro San Martín
La imagen sonriente y positiva de Barack Obama y su giro de casi 180 grados respecto del gobierno del ex presidente George Bush en lo que hace al tema ambiental, parece no ser suficiente para llegar a un final feliz en la XV Conferencia de las Parte sobre Cambio Climático (COP 15), que se realizará en Copenhague, Dinamarca, el próximo mes de diciembre. Los nubarrones son cada vez más espesos y las posiciones se oscurecen a medida que se acerca la fecha clave para llegar a un acuerdo post Kioto. Obama no es Bush, pero no por eso deja de ser norteamericano.
“No habrá una posición de los Estados Unidos hasta que se adopte una ley, tal la tradición de ese país”, explicó el Embajador Raúl Estrada Oyuela durante una conferencia que ofreció para explicar las posiciones de los Estados Unidos, la Unión Europea y los países en desarrollo, con miras a las cumbre del Cambio Climático. “El enfoque de Obama es poner un límite o negociar, mientras que quienes se oponen a esta postura sostienen que lo mejor es aplicar un impuesto”, explicó el actual titular de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente, recién legado de la reunión preparatoria que se realizó en la ciudad alemana de Bonn. Ante estos dos modelos diferentes, la posibilidad de que se llegue con una ley antes de diciembre próximo parece remota. Como dijo el diplomático, “es un absurdo cerrar un acuerdo sin la participación de los Estados Unidos –país responsable del 22 por ciento del total mundial de las emisiones de gases de efecto invernadero-. No llega a Copenhague”, sentenció. Obama, que en su paso por el Congreso firmó varios proyectos sobre Cambio Climático proponiendo un sistema de límites y negociaciones, no abandonó la política de Bush de reunirse con las mayores economías del mundo, pero sin abordar una negociación global. Los primeros indicios sobre sus convicciones en la materia los dio apenas asumido la presidencia de los Estados Unidos, cuando en la tradicional visita de estado al Canadá (la primera que siempre realizan los mandatarios electos de USA), Obama dijo que trabajará sobre la captura y secuestro de carbono y una distribución inteligente de la energía eléctrica. Sobre reducción de emisiones, mutis por el foro. Estas idas y venidas pusieron en alerta a los principales medios del país del norte que, en el caso del Washington Post, dudan de que el primer presidente negro de los Estados Unidos ponga en práctica sus primeras y buenas intenciones. Es que pese a no haber hablado nada sobre el tema en Canadá, Obama tiró sobre la mesa de negociaciones la idea de reducir en un 15 por ciento las emisiones para el 2020 y en un 80 por ciento para el 2050, eso sí, con la fuerte participación de todas las economías del mundo. Por su parte, la Unión Europea, que apostó fuerte al éxito de la reunión -al punto de quitarle la sede que le correspondía a América Latina y trasladarla a Copenhague-, propuso, por primera vez, que las economías de los países en desarrollo reduzcan sus emisiones entre un 15 y un 30 por ciento para el 2050. La posición europea dejó de ser uniforme desde que se convirtió de una Europa de los 15 a una de los 27. Tanto Italia como Polonia y los países del este, no concuerdan con sus aliados en una postura común frente a la reunión de Copenhague. Pero lo más significativo y preocupante -en opinión del Embajador Estrada Oyuela-, es que “no hay un liderazgo de este proceso. Una cosa es empujar una posición y otra muy distinta es liderarla”, afirmó el diplomático quien fue justamente el que lideró las negociaciones que dieron vida al Protocolo de Kioto. Las posturas de los diversos países varían tanto que sin un fuerte liderazgo en la conducción, las negaciones podrían precipitarse a un temprano fracaso. Una rápida recorrida por esas posiciones podría dar un más claro panorama del complicado escenario. Por ejemplo, Australia tiene una visión propia de reducir las emisiones en un 5 por ciento para el 2020; Japón estira ese porcentaje al 50 por ciento, pero para el 2050; Rusia no está dispuesta a negociar hasta no conocerse un compromiso de los Estados Unidos y Suiza sugiere un impuesto de 2 dólares por tonelada de carbono. En tanto, los países en desarrollo también presentan distinta aristas y reclaman que el protocolo sea para los países del anexo 1. En este grupo de naciones, China ha mostrado una mayor flexibilidad respecto a procesos anteriores, mientras que la India se niega a acepta compromisos cuantificados y propone un tope para los países desarrollados que no están en el protocolo, como es el caso de los Estados Unidos. Brasil, consecuente con su tradición diplomática, elude comprometerse y tiene un fuerte plan de mitigación de emisiones, mientras que los países insulares –quizás, los de más acuciante situación-, piden que se fije como tope máximo 350 ppm (partes por millón) de carbono en la atmósfera. Por su puesto, los países integrantes de la OPEP quieren mantener los principios de la convención. Con el fantasma de la crisis económica acechando al planeta –cuestión que permitirá a Europa cumplir fácilmente el protocolo, según Estrada-, hay algunas cuestiones que pueden esperarse de esta COP 15. “Por ejemplo –explicó el Embajador-, aparece ahora la huella del carbono, es decir, el contenido de carbono que tienen los productos exportables, que es uno de los efectos colaterales que recaerá sobre nuestros países”. En Gran Bretaña ya se apuntaron estos dardos a la carne y ahora está están en la mira las exportaciones de vino, por la huella de carbono que tendrían los envases. Toda la agricultura estará entonces bajo sospecha. Así las cosas, la XV Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático no parece transitar por un camino de rosas. Categórico, Estrada Oyuela afirmó que “la expectativa general de Copenhague es excesiva, y eso es malo, porque después vendrá la frustración”.
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