Scioli decidió dinamitar la política ambiental PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Miércoles, 14 de Diciembre de 2011 14:01

En su news letter el periodista Sergio Federovisky desgrana la decisión política de Scioli de eliminar el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible.  Su lectura nos parece obligatoria a la hora de entender los sucesos:  

El gobierno de Daniel Scioli ha consagrado, según muchos, una lógica en la que el marketing, es decir lo que se ve, reemplaza a lo que se hace, o sea a la gestión. No parece importar tanto cómo se gestiona o qué transformación se produce, sino cuánto se muestra, así no tenga anclaje con la realidad. En materia ambiental es claro que la recomendación de los últimos veinte años, en todos los órdenes de gobierno y en todos los países, es la de institucionalizar áreas que permitan desarrollar políticas de mediano y largo plazo, tal como se las reconoce a las políticas ambientales. Así se lee en todos  los postulados emitidos por Naciones Unidas desde la Eco 92 de Río de Janeiro, y así quedó plasmado en la Agenda XXI, el listado de compromisos que los gobiernos adoptaron para revertir el deterioro del ambiente.

En su traducción local, el Centro de implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) conjuntamente con Vida Silvestre recomiendan a nivel nacional “jerarquizar la temática ambiental en la agenda de gobierno: dotar a la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de peso político y presupuesto, y concentrar allí el control de las actividades productivas con incidencia directa sobre recursos naturales renovables”. Se desprende de allí la similar postura que deben adoptar los diferentes niveles de gobierno: imposible que el principal estado de la Argentina, la provincia de Buenos Aires, escape a esa demanda y necesidad.

Sin embargo, el gobernador Scioli lo hizo posible. Al tiempo que nombraba al baterista de Soda Stereo Charly Alberti asesor en cuestiones de cambio climático (por el sólo mérito de tener una novia sin ningún conocimiento específico más que sus caderas que recorre las escuelas dando charlas básicas sobre calentamiento global que parecen sacadas del resumen Lerú), hizo descender dos categorías al Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) y lo subsumió bajo una incomprensible Secretaría de Espacio Público, creada para compensar a un ministeriable que fue vetado por la Casa Rosada.

Pese a sus dificultades y trayectoria sinuosa en varios aspectos, OPDS tenía algunos elementos merituables: era un organismo ambiental autárquico, ostentaba estatus de Secretará con rango de ministerio y dependía directamente de Jefatura de Gabinete. Esas características le otorgaban, a priori y si tuviera un idóneo al frente, la posibilidad de desarrollar políticas transversales, de reinvertir lo recaudado en acciones concretas y de planificar y ejecutar programas de largo plazo.

De pronto, y manteniendo al frente al ex senador provincial José Molina, Scioli decide crear la Secretaría de Espacio Público (un concepto urbano más propio de la gestión municipal que la provincial) y para darle alguna carnadura no tiene mejor idea que integrarle a OPDS pero con rango de subsecretaría. Alguien quiso ver allí una copia, pésima por cierto, de lo ocurre en la ciudad de Buenos Aires, donde el Ministerio de Espacio Público y Medio Ambiente (cosa que a escala urbana sí tiene pertinencia) contiene a una Agencia de Protección Ambiental, que sí mantiene autarquía. En ese caso, aún cuando lo ideal fuera que dependiera directamente del jefe de gobierno o de la Jefatura de Gabinete, se trata sólo de una cuestión de pertenencia, ya que la autarquía plena no está en discusión.

Molina, para garantizar su continuidad, ha querido hacer ver que las funciones y atribuciones de OPDS quedan a salvo, cosa en la que nadie cree puesto que pasar de una secretaría con rango de ministerio a una subsecretaría sin ejecución presupuestaria difícilmente pueda ser considerado un cambio menor.

En todo caso, lo que queda claro es que no es la evaluación de las prioridades ambientales o la situación ambiental de la provincia lo que motiva el cambio. Una provincia que contiene los dos ríos más contaminados del continente (Riachuelo y Reconquista), que tiene el cincuenta por ciento del litoral fluvial (río de la Plata) contaminado e inutilizado al punto que está prohibida la pesca de sábalos, que presenta un descontrol industrial absoluto en lo que refiere a los efluentes, que tiene procesos de erosión de costas, de desertificación y de pérdida de suelos alarmantes,  que tiene en estado de abandono las áreas protegidas, y miles de etcéteras, no puede darse el lujo de no tener un ministerio de Medio Ambiente.

Pero si Scioli es capaz de hacer con el medio ambiente exactamente lo contrario de lo que exige hoy toda la literatura y la política internacional debe ser porque nadie se lo cobra. Las ONGs, como Greenpeace, FARN y Vida Silvestre, que tanto están preocupadas por lo que pasa dentro de las  fronteras de la ciudad de Buenos Aires, ni asomaron el pico. Y la oposición brilló por su ausencia, salvo una pequeña e importante excepción.