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Escrito por Redacción   
Lunes, 01 de Junio de 2009 11:05

La mejor del Día en los medios es la nota publicada en La Nación en el blog Ecológico   

Cocaína, el ecocidio colombiano

“La selva colombiana está en peligro por la producción de cocaína. El país tiene 52 zonas protegidas cuya riqueza patrimonial está amenazada por la industria del narcotráfico“. Con esta frase el embajador colombiano en la Argentina, Alvaro García Jiménez, en un encuentro para la prensa que se realizó hace unos meses en la sede diplomática en Buenos Aires.

El informe que mostró el embajador señala que “de las 79.000 hectáreas sembradas de coca en este momento, 6.000 están distribuidas en 18 parques naturales colombianos. Los departamentos más afectados están ubicados en la selva amazónica. Otras regiones de gran importancia ecológica gravemente dañadas, son la Sierra Nevada de Santa Marta y el Macizo colombiano”.


Según se señaló en ese encuentro, “nueve de cada diez gramos de cocaína enviados a los Estados Unidos han pasado por las manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC) en algún punto“. Este dato fue aportado por la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos, la DEA.

La producción de cocaína consta de tres etapas. Todas ellas provocan daños en el ambiente. Por caso, el primer paso es la siembra. Una hectárea de selva tropical produce 28 toneladas de oxígeno al año y para establecer una hectárea de coca es necesario talar tres de selva. La técnica más utilizada es la llamada “tala y quema”, y es la mayor fuente de contaminación aérea de las selvas colombianas. Por cada hectárea talada y quemada, 380 toneladas de biomasa son reducidas a cenizas, residuos y sedimentos. Cada año se destruyen 100.000 acres de selva (unas 40.468 ha) como resultado directo de la producción de estupefacientes.


El segundo paso son los laboratorios, necesarios para que las hojas de coca sean transformadas en pasta base. Según el informe, el 66 por ciento de los cocaleros procesa las hojas cosechadas. Los laboratorios suelen estar ubicados cerca de los ríos y el proceso de la hoja de coca requiere de una gran cantidad de sustancias químicas. En la mayoría de los casos el proceso es realizado por los mismos campesinos y casi siempre en sus propias cocinas. Los residuos van directo a los cursos de agua.


La última etapa es la fabricación de cocaína. Tiene lugar en fábricas especializadas y es llevada a cabo por químicos profesionales. Casi todos los laboratorios de cocaína han sido descubiertos cerca de áreas pobladas y algunos en grandes ciudades. Gran cantidad de químicos tóxicos son destilados para luego ser reutilizados, proceso que genera miles de litros de agua caliente que desembocan en los ríos.

“Mientras los ciudadanos del mundo se movilizan para detener el calentamiento global, las FARC están talando y destruyendo el bosque tropical de Colombia y contaminando con químicos las fuentes de agua”, advirtieron en la embajada.

“Actualmente, las FARC figuran en las listas de terrorismo del mundo por crímenes como el secuestro, las masacres y el reclutamiento forzado de niños. Ahora también deben rendir cuentas por sus atentados contra el medio ambiente. Después del tráfico de drogas, las acciones dañinas de estos grupos se relacionan con los ataques perpetrados contra los oleoductos. A lo largo de los últimos 20 años estos suman 3,2 millones de barriles de crudo derramado, equivalente a más de 12 veces la cantidad derramada en el desastre Exxon Valdez, ocurrido en 1999“, agregó García Jiménez.

Un verdadero ecocidio.

Palabras clave:  coacina - deforestacion
 

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