LA SEMANA QUE SE VA PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Domingo, 14 de Junio de 2009 11:04

Por ASM

Todo pasa muy rápido en Argentina y lo ambiental no es ajeno a este vertiginoso ritmo de acontecimientos criollos. Lo que hoy es un festejo, mañana se transforma en una pesadilla o en una fantasía más y así los ciudadanos se ven aplastados de información que va y viene de los despachos oficiales a las redacciones. La semana se inició con el anuncio rimbombante del crédito otorgado por el Banco Mundial de más de 3 mil millones de dólares, de los cuales 840 se destinarán al hipotético saneamiento de la Cuenca Matanza Riachuelo.

 

Desde estas páginas hemos tratado de reflejar como y en que se gastarán los dineros fáciles que ese organismo internacional de crédito otorgó, sin demasiadas pretensiones ni análisis sobre su destino, a la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR), que preside el secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, Homero Bibiloni.

El funcionario, que la semana anterior había tenido una reunión con los integrantes del Cuerpo Colegiado –un grupo de organizaciones no gubernamentales y la Defensoría del Pueblo que controla el cumplimiento de la sentencia de la Corte Suprema de Justicia-, había dado los primeros indicios sobre lo que iba a ser el desarrollo del trabajo de la ACUMAR a partir del ingreso en metálico. Poco y nada. Cero en salud, cero en descontaminación y un aplazado absoluto en lo que respecta a la Resolución 3 de la Autoridad de Cuenca que significa, lisa y llanamente, la aniquilación de lo poco que queda de la Cuenca.

De esa reunión, Medio y Medio logró descubrir una perla que traerá consecuencias todavía no cuantificadas. Se trata –como ha sido reflejado en este medio- del comunicado de prensa distribuido por la Defensoría del Pueblo de la Nación que se supone el organismo rector del Cuerpo Colegiado, calcado del emitido por la ACUMAR.

La sorpresa fue que la propia oficina de prensa de la Defensoría -así como el responsable de prensa de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable-, reconoció que se había acordado esa redacción conjunta. Juez y parte se conjugan otra vez en la historia ambiental del país en una relación promiscua donde el controlador y el controlado se confunden en un abrazo. Lo que sorprende entonces son las vaguedades de ese comunicado que reflejó una versión sesgada y falta de verdad de lo que realmente había sucedido en esa reunión. La preocupación y el enojo de las otras organizaciones representadas en el Cuerpo Colegiado podrán constatarse en los próximos días.

Menos preocupados están los verdaderos “dueños” de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable: el Ministro de Planificación, Julio De Vido, el Jefe de Gabinete, Sergio Massa, y el diputado ultrakirchnerista, Carlos Kunkel. La caja ahora aumentada que manejan ellos y no Bibiloni, es un maná que cayó del cielo de los endiablados organismos internacionales de crédito, en épocas de vacas flacas y de bolsillo ávidos.

Kunkel, quien fue el que más presionó para que Homero –que no es superman- reemplazara a la ex titular de la cartera ambiental, Romina Picollotti, depositó en el primer piso de la Secretaría, al lado de Bibiloni, a su hijo Daniel, que ocupa la estratégica Unidad Secretario, un lugar que supo usufructuar con triste recuerdo el hermano de Picollotti. Las reuniones entre Massa y Kunkel hijo por el manejo de la caja son frecuentes, así como con los popes del conurbano bonaerense, antiguos clientes de Bibiloni en su estudio de abogado. Homero ve pasar por sus narices el dinero que le permitiría un respiro a su gestión.

Otra noticia movió el frágil tablero de las instituciones nacionales encargadas de velar por la salud y el bienestar de los argentinos. En una carta dirigida a la Presidenta Cristina Fernández, el Grupo de Reflexión Rural pidió la intervención del SENASA por los problemas derivados de la aplicación del modelo agrícola extensivo de los últimos 15 años que implican el uso de agrotóxicos. La aprobación del uso del Roundup Ready, de la empresa Monsanto, vuelve a estar en el ojo de la tormenta. El glifosato –una piedra candente en las manos de los funcionarios- que tanto enojó al Ministro de Ciencia y Tecnología, Luis Barañao,  retoma su protagonismo en la escena nacional.

La basura también ocupó gran parte de las noticias de esta semana. El jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, lejos de intentar implementar la Ley de Basura Cero –a pesar de haber admitido un aumento del 12,07% de la basura enterrada durante 2008 en relación al año anterior-,  puso toda su energía en perseguir a ocho militantes de la organización Greenpeace que habían desplegado un cartel en el obelisco denunciando la contaminación que produce la basura en la ciudad. Macri los llevará a juicio oral el próximo 16 por “violación de domicilio” y “daño agravado”. Mientras tanto, la basura sigue contaminando y ningún funcionario va a juicio. Un chiste.

En tanto, sesde Esquel, llegó la noticia de la connivencia entre un Juez de primera instancia, Claudio Alejandro Petris, y el municipio local en el caso de un basurero a cielo abierto que debía ser cerrado por orden judicial. Con artilugios procesales y soportes técnicos de dudosa sostenibilidad, evitó la orden de cumplimiento de la sentencia. Una vez más, la salud de la población se vio afectada por la complicidad entre los poderes públicos. Juez y parte, una fórmula que se repite en todo el país.

Otra de basura. La provincia de Córdoba quema a cielo abierto en 420 localidades, lo que genera seis mil toneladas de particulado atmosférico al año, treinta mil toneladas de monóxido de carbono y quince mil toneladas de compuestos volátiles orgánicos, entre otras preciosuras. ¿Falta de dinero para cambiar esta situación? No, claro que no. El país cuenta con 100 millones de dólares de organismos multilaterales de crédito para resolver esta situación. Una vez más, el dinero no llega a la gente y engrosa aún más el abultado endeudaminento nacional. Demasiadas irregularidades, connivencias y desprecio por la salud de los argentinos.

Desde el exterior, el juicio al mentor de la Fundación Avina, Stephan Schmidheiny,  por envenenamiento seguido de muerte de familiares de trabajadores y obreros de sus empresas que contrajeron enfermedades derivadas del amianto, pone sobre el tapete los oscuros vínculos de financiamiento de empresas contaminantes bajo el disfraz de filántropos ambientales.

Investidos por propia voluntad con  ropaje “verde”, estos contaminadores internacionales ponen un manto de duda sobre infinidad de organizaciones que, quizás con loables intenciones, les hacen el juego a los verdaderos enemigos del planeta.

Para colmo de males, hasta el glamoroso cucú suizo dejará pronto de ofrecernos sus simpáticos sonidos para abandonar por siempre este mundo cada vez más desolado. ¿Quien nos marcará las horas?

 

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