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Escrito por Redacción
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Domingo, 12 de Julio de 2009 13:24 |
Dentro de dos años, cuando llegue su cuadragésimo aniversario de lo que fue y hoy no es, Greenpeace tendrá un nuevo buque insignia, listo para surcar los mares con su mensaje ecológicamente correcto, aburrido, repetitivo y podría clasificarse como imperialista por respectar las agendas de los países centrales. Gerd Leipold, anunció hace un mes que los astilleros Fassmer construirán el Rainbow Warrior III (Guerrero del Arco Iris).
Tal vez lo único que quede de esta organización un bonito nombre que remite a las ex gloriosas exposiciones de los fundadores. Hoy Greenpeace está devenido a imagen y semejanza de la política de responsabilidad social empresaria de cualquier corporación internacional, pero con un costado díscolo adolescente. El barco en cuestión, es una nave para millonarios que en principio pagan los socios. Seguramente llegará a Buenos Aires en unos 5 o 6 años para liberarnos del Riachuelo, uno de los pocos lugares que le quedan a la organización si es que se quedan en el tema. Tal vez podamos anticipar que al final se haga un cóctel para periodistas y una visita guiada. Como una suerte de barco ecológico de Benetton, el de Greenpeace está destinado a lo único que hace la organización la autorreferencia para alimentar la imagen mediática, recaudar fondos, participar de eventos organizados por el gobierno en calidad de invitado verde y alguna otra picardía. |