La minería hace de San Juan una tierra prometida PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Miércoles, 12 de Agosto de 2009 10:17

Después de escuchar al gobernador de San Juan, José Luis Gioja, decir en cuanto programa de televisión le invitan que su provincia es la tierra prometida gracias a la explotación minera, hace recordar a la época de la fiebre del caucho en Brasil y su futuro lleno de venturanzas. En las Venas abiertas de América Latina, el clásico de Eduardo Galeano, se demuestra que esa ficción terminó en tragedia.

Gioja tiene argumentos sólidos de prestidigitador. Su provincia, dice, no tiene soja ni tiene vacas, es decir, es un páramo de piedras amontonadas unas sobre otras que configuran un paisaje montañoso y árido. Pero la naturaleza no fue egoísta y la dotó de una riqueza escondida en sus entrañas. El gobernador lo único que hizo fue un pase mágico para que esas riquezas salieran a la luz. El como, no importa.

 

"El 83 por ciento del territorio está cubierto por montañas y sólo el 2,3 por ciento tiene tierras aptas para el cultivo. Las zonas mineras coinciden con las partes más deprimidas económicamente, donde no llega el teléfono ni Internet, y están aisladas energéticamente. Ahora, gracias a la minería, van a tener todo eso", coincide sin cortapisas el ingeniero Felipe Saavedra.

Las cifras parecen alentar este sueño del oro. Exportaciones por 570 millones de dólares, 130 mil sanjuaninos ligados de alguna manera a la actividad, 45 mil puestos de trabajo, buenos salarios y unas 800 pequeñas y medianas empresas que prestan servicio a las grandes mineras. Un espejismo que se reproduce en los folletos oficiales que se reparten en el exterior, donde se augura que San Juan “será una potencia minera a nivel mundial por la calidad de sus yacimientos de metales preciosos, que en los últimos tres años  alumbró reservas por más de 35 millones de onzas de oro".

Un paraíso en la tierra sin oposición, o con oposición silenciada, según algunos. "En San Juan no se puede hablar, no se discute nada de política, es todo silencio", dice Miguel Arancibia, ex bloquista que integra el grupo de pensamiento político 1852. "Gioja es un emperador, todo lo decide él. La política minera es uno de sus éxitos, pero no cambió la matriz económica de la provincia ni garantiza un modelo sustentable".

Los opositores a esta forma de producción luchan, por el momento, contra los molinos de viento. El único camino que puede transitar es la justicia y rezar para que salga una ley de glaciares que no sea vetada por el Ejecutivo Nacional. Por el momento, las luces del oro de la abundancia encandilan a los sanjuaninos. Deberían darse una vueltita por las ciudades del norte brasileño y ojear la obra de Galeano. Pan para hoy y hambre para mañana, pero, ¿a quien le importa el mañana?.

 

Palabras clave:  mineria - gioja - san juan
 

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