LA SEMANA QUE SE VA PDF Imprimir E-mail
Escrito por Por Alejandro San Martín   
Domingo, 30 de Agosto de 2009 11:15

 

Lo que se dio en llamar, en la década de los 60, realismo mágico, para definir la literatura latinoamericana que tuvo un boom editorial, se aplica sin cortapisas a la realidad ambiental de la Argentina. No hay otra manera de explicar lo inexplicable. Que los responsables de minería de La Rioja expliquen la seguridad con que cuenta esa industria extractiva y de repente, piedras tan grandes como meteoritos caigan sobre las viviendas de la gente producto de explosiones realizadas por las mineras, es lo más parecido a un argumento utilizado por cualquiera de esos geniales escritores vernáculos. Mientras esta escena digna de “El perro andaluz”, esa fantástica película de los maestros surrealistas Luis Buñuel, Antonin Artaud y Salvador Dalí, sucedía en los pagos de Facundo y Carlos Menem, en la misma capital riojana germinaba –otra vez- la semilla del movimiento para reconocer que los derechos ambientales son, en si mismo, derechos humanos.

Macondiana –por darle algún mote- es también la eterna novela entre la Autoridad de Cuenca Matanza-Riachuelo y el Juez Armella. Como niños caprichosos, los responsables de sanear la cuenca retrasan una y otra vez las acciones que obligó a realizar la Corte Suprema de Justicia. Ante estas travesuras –que afectan la salud de millones de argentinos-, Armella sigue intimándolos. Nunca se llegan a las 25 amonestaciones para que el alumno díscolo repruebe y repita el año. Algunos piensan que es hora de que se lo expulse. Versiones provenientes del corazón de la Secretaría de Ambiente indican que habrá cambios e el directorio de la Acumar. Es de esperar que impliquen un mayor compromiso en el cumplimiento de lo dispuesto por el máximo tribunal y dejen así un poco más tranquilo al inquieto Juez Federal de Quilmes.

Y el realismo mágico sigue cubriendo toda la superficie nacional. De su verba fantasiosa se nutre el hermano legislador del Gioja gobernador (José Luis). El otro Gioja –Juan Carlos- se fue de gira mágica y misteriosa para exportar las bondades del modelo extractivo de San Juan. Quienes lo escucharon con  atención y luego lo aplaudieron fueron los ignotos diputados del Parlamento Latinoamericano. Extasiados con las bondades del modelo sanjuanino, los legisladores que alguien vota -¿Cuándo?, ¿Dónde?- se pusieron a “trabajar” para imitar el desatino. Fue en Perú, así que el crédito para el argumento se lo damos al joven Vargas Llosa de aquella inigualable década de los sesenta.

Como calificar entonces la presión sobre un Tribunal Superior de Justicia por haber permitido a la gente llegar hasta un lago público. La maquiavélica relación del poder político con el poder económico se tradujo en estos días en Río Negro. Vale más el capricho de un millonario extranjero que el propio pueblo. Surrealismo trágico.

Imágenes oníricas se hacen realidad si hay que esperar más de mil días para que se cumpla un convenio incumplido. Esa fue la paciencia de los habitantes de Punta Lara respecto del ilegal relleno sanitario que el Ceamse tiene en esa localidad al sur de la Capital Federal. Otro informe. Más trabajo para la Corte.

En un país donde el absurdo es rey y señor, no asombra que los legisladores entrerrianos hayan decidido declarar a Arroyo Verde –el lugar de las luchas contra Botnia- como “paraje histórico cultural”. Si no se puede sacar a la pastera del lugar, hagamos unos mangos. Pensamiento político autóctono. Mientras tanto, el problema continúa.

Otra historia de esta novela interminable; el decano de la facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, ingeniero agrónomo, Lorenzo Basso, hizo lo imposible para que los alumnos de esa facultad no pudieran hacer un seminario sobre agroquímicos. Claro, es como escupir al patrón en una casa de estudios donde Monsanto y compañía tienen todos los huevos en la canasta. Finalmente, el seminario se hace y va el odiado doctor Carrasco. Eso sí, nada de aula magna. Si quieren hablar de esas cosas, se van a otro lugar menos apropiado. Condición incuestionable del decano: “hablo yo después de Carrasco, a ver si todavía se lleva la última palabra”.

Nadie podría siquiera imaginarse que estas cosas sucedieran en los países que se llaman a sí mismos –y por lo tanto, todos deben denominarlos de esa manera-, desarrollados. Allá están más preocupados por crear árboles sintéticos y toda clase de chucherías que parecen importaciones chinas para limpiar su imagen de contaminadores.

 

Fuera de todo este mundo sin mucho sentido, es de lamentar que uno de los funcionarios que tuvieron un protagonismo activo en su cargo tome sus cuitas y se vuelva silbando bajito a su añorado sur. Vamos a extrañar a Héctor Espina. Mientras tanto, seguiremos en este libro inacabado del realismo mágico suramericano que tiene en la Argentina actual, a uno de los mejores exponentes.

Palabras clave:  mineria - agroquimicos - gualeguaychu - gioja - armella - riachuelo
 

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