Glifosato, lobbies, el estado del arte del pensamiento mágico PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Lunes, 07 de Septiembre de 2009 16:55

   
 
Reducir una investigación al estado del arte es la oportunidad para entrar en un cono de sombras. La comisión de expertos en busca de evidencia científica terminó resultando un compendio de autores que sin distinguir o distinguiendo, incorporaron algunos financiados por la empresa Monsanto. Incluso en la nota de Darío Aranda de Página 12, señala: Un punto que generó dudas en los científicos consultados es cómo el Conicet designó a los integrantes del “Consejo Científico Interdisciplinario”. No hubo convocatoria abierta, ni concurso. Aranda además afirma. Claudio Marco Ghersa sí fue convocado para el informe. Es ingeniero agrónomo y director del Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas (Ifeva).

En 2008 fue director de “cursos de especialización” organizados por Aapresid (la ONG que impulsó la sojización, donde participan los mayores productores del país) y la Facultad de Agronomía. Y cuenta con al menos dos investigaciones en coautoría con Monsanto --“Glyphosate-resistant weeds of South American cropping systems” (2008) y “Evolution of Glyphosate-Resistant Johnsongrass (Sorghum halepense) in Glyphosate-Resistant Soybean” (2007)--.  Ghersa también integró la Conabia (Comisión Nacional Asesora de Biotecnología de la Secretaría de Agricultura), el cuestionado organismo que dio luz verde a la soja transgénica y al uso de glifosato (sin realizar estudios propios para su aprobación).
El resultado entonces era previsible aún en la siesta intelectual más prolongada.  Pero la cuestión es de fondo ya que se trata de un producto que se usa masivamente en la actividad agropecuaria vinculado a la soja, entre otros, y que está severamente cuestionado desde distintos sectores es quién es el autor intelectual. Pues bien, el autor intelectual es el mismísimo Lino Barañao ministro de ciencia tecnología e innovación productiva que comenzó a caminar en la cuerda floja de los funcionarios posibles de recambio. No hay un solo Barañao hay muchos y depende del auditorio El principal herbicida usado en la producción de soja está en la mira del gobierno pero Barañao con la torpeza de un elefante en un bazar va rompiendo copas y transita  a ciegas. Tras las insistentes declaraciones, el ministro podría correr la suerte de su colega bonaerense Emilio Monzó, que a causa de trazar una política que estaría muy bien para la dialéctica de la mesa de enlace, pertenece al gobierno. Barañao selecciona muy bien sus entrevistas –grupo Clarín-   y busca la seguridad pese a haber contratado a una consultora que lo instruyó al respecto. Barañao parece utilizar algunos estrados para decir lo que piensa al respecto. En el coqueto salón del centro de Convenciones Metropolitano de Rosario en el XVII Congreso de AAPRESID en Rosario, Barañao se despachó a gusto y puso en palabras la directriz del documento emitido. Sin nombrarlo a Carrasco, el ministro Barañao expresó: “comunicar la información preliminar de una investigación científica en un medio masivo es poco ético, y preocupa la aparición de un discurso que ya no es ecologista, sino que es antitecnológico y anticientífico”. Testigos presenciales aseguran que además Barañao dijo "el trabajo de Carrasco no es válido porque no fue puesto a referato y porque no es extrapolable al ambiente y seres vivos" Barañao parece estar en la constelación del CEO del Grupo Los Grobo, Gustavo Grobocopatel. El empresario dijo que la política agropecuaria oficial “pone en peligro el suelo y el desarrollo de toda la Argentina”. Esta claro que para que eso ocurra hay que desparramar el glifosato precisamente cuestionado por sus efectos nocivos sobre lo que el ceo socio de Avina pretende cuidar. En el congreso se cuestionó las sucesivas “campañas antisoja y antiglifosato”. “¿Cómo puede ser que una leguminosa como la soja pueda ser intrínsecamente mala?”, se preguntó Jorge Adámoli, ecólogo y profesor de la facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Más tarde respondió que quienes predican esos discursos buscan los puntos más vulnerables en las zonas marginales en donde hay malas prácticas agrícolas. Para Adámoli hay una campaña unilateral contra el uso del glifosato y se refirió extensamente a la polémica investigación del profesor de embriología e investigador principal del Conicet Andrés Carrasco , que publicó en la prensa los resultados preliminares de una investigación científica que concluía en que el uso del glifosato utilizado en las fumigaciones sojeras ocasionaban trastornos intestinales y cardíacos, malformaciones y alteraciones neuronales en embriones anfibios y por traslación, en embriones humanos. “La culpa del glifosato”, ironizó Adámoli. Barañao recogió el guante y se pronunció sobre el tema. “Responsabilidad, es hacerse cargo de las consecuencias que tiene lo que uno hace”, dijo y agregó: “Comunicar la información preliminar de una investigación científica en un medio masivo es poco ético”. Barañao puso en duda la validez de dicho trabajo debido a que nunca fue publicado en ninguna revista con referato que “es un paso esencial y elemental de control”, al tiempo que cuestionó a las instituciones que respaldaron ese estudio “que también deben hacerse responsable por las informaciones que comunican”. El funcionario del gobierno nacional explicó que los científicos deben ser sumamente responsables con aquello que publican porque se trata de informaciones que pueden generar un alto grado de angustia e incertidumbre en la población y hasta incluso la toma de decisiones incorrectas. Como en el informe en la exposición Barañao también puso un paraguas “el uso de toda tecnología conlleva sus riesgos”. Barañao dijo que hay una gran dificultad para comunicar los beneficios de la tecnificación en la agricultura. “Preocupa la aparición de un discurso que ya no es ecologista sino que es antitecnológico y anticientífico”, aseveró y agregó: “Se está cuestionando el uso de la tecnología y se dice que sólo hay que hacer agricultura orgánica. La sociedad piensa que el uso de agroquímicos beneficia sólo a un grupo reducido y está la idea de que el resto es perjudicado”. El funcionario señaló que para destrabar ese cuello de botella es clave el rol de los comunicadores sociales aunque admitió que lograrlo es una batalla difícil. Y para no contradecirse también mencionó que "si la ciencia interfiere con intereses no hay que decir la verdad por los medios" No sabemos a que intereses se refiere Barañao pero la  traducción es que en este caso hay que mentir y no salir en los medios de comunicación, salvo los del grupo Clarín. Lo cierto es que el ministro nunca fue afecto a los temas de ambiente. Oportunamente desarticuló un plan nacional ya que lo “vió como la avanzada del Cobismo” e incluyó a una mujer para el manejo del tema que simplemente no atiende el celular. 

 

Palabras clave:  glifosato - barañao
 

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